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R.1 Comer en el Bulli

 

 

Siempre he sido un buen gourmet. Me ha gustado comer bien y comer manjares de buen mantel. Desde que recuerdo me he aficionado a comer poco pero exquisito a ser posible. Indudablemente, de vez en cuando, apetece volver al primitivismo y degustar algo más primario sin tanta presentación. Pero si me dan a elegir prefiero lo experimental, lo novedoso y lo que se sale de lo corriente. Para un par de huevos con patatas fritas siempre hay tiempo, pero las experiencias culinarias son de lo mas satisfactorias.

Soy un habitual del Bulli. Ferran Adriá es un maestro reconocido por todos. Sus tres estrellas michelin y ser reconocido como el mejor restaurador del mundo dos años consecutivos dan prueba de su valía. Sus preparaciones son sinceramente obras de arte gastronómicas, siempre novedosas y de altos valores tanto en matices de color, textura y sabor como en variedad y forma de preparación. Y el ambiente; ¡ah el ambiente! Encantador y coqueto, y por supuesto con comensales de de alta alcurnia ya que los 300 euros del cubierto no se los puede permitir cualquiera. La verdad es que con Ferrán no tengo nunca ningún problema. Encuentro siempre que quiero lo que me gusta. No tengo que esperar más allá de unos pocos días y enseguida tengo mi plato dispuesto. En ese aspecto estoy siempre satisfecho con lo ofertado.

La ubicación también es un punto a favor del Bulli puesto que Cala Montjoi está relativamente aislada de los núcleos mas poblados y así puedo pasar desapercibido cuando voy por allí. Entiéndanlo, no me gusta nada la publicidad y para mis aficiones es fundamental pasar desapercibido.

Siempre elijo el menú en función de tres variables principales: aspecto, presentación y posibilidades de sabor. Se que Ferrán nunca me falla en cuestiones de sabor, pero a veces los manjares no concuerdan con el sabor que se espera de ellos. Así que siempre elijo el que más posibilidades tiene a priori. Me he llevado algunas decepciones, pero generalmente suelo acertar en mis elecciones.

Lo único que me ocasiona algún que otro sinsabor es la relativa lentitud del servicio del Bulli. No es que me queje, créanme, porque se que las cosas bien hechas requieren su tiempo, pero es un poco frustrante estar esperando a tu alimento, al que ya has echado el ojo, que termine de cenar y salga del restaurante.

Es el ligero inconveniente que tiene ser un vampiro sibarita. Pero, no lo duden, compensa.

(c) Alfonso Merelo 2009

FELICES LO QUE SEA A TODOS LOS LECTORES.

 



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