Eclipse

No puede echar un vistazo al sol directamente, aunque aquí en Huelva no se dio el eclipse anular completo, puesto que no me había provisto de esas divertidas gafitas que hacían parecer a la gente recién salida de una peli en 3D. El espectáculo estuvo en contemplar la luz que se filtraba y se oscurecía por todos lados. Era un espectáculo infrecuente y precioso. La ciudad se veía bajo otro prisma y un diferente colorido que destacaba por sus claroscuros.
Imagino cómo debieron de sentir estos fenómenos nuestros antepasados cuando no se conocían los fenómenos astronómicos. Si yo, que se supone tengo un cierto conocimiento de estos sucesos, me sorprendí momentáneamente y me maravillé del contraste, no puedo sin siquiera suponer la reacción de gentes del siglo X ante los mismos hechos. Si la ciudad quedaba envuelta en una luz fantasmagórica, pero explicable, sin esa explicación el efecto debió ser siempre terrible. No es de extrañar los miedos y los suicidios que se dieron en muchos casos ante acontecimientos similares.
El eclipse pasó y el mundo no acabó.
Pero en mi interior, muy en el fondo, sentí un temor atávico. Un miedo a la situación que se vio incrementado con un ligero viento fresco que se desató en ese momento.
Indudablemente los eclipses nos afectan, y mucho.
Esperemos al próximo que será allá por el dos mil ventitantos, creo
© Alfonso Merelo
3 comentarios
Consumidor irritado -
AMS -
Y ahora que cago: en ese año me jubilaría. ¡Arghhhhh!
RSMCoca -
Y dicen que el de 2026 es total. Habrá que verlo...