¿El sexo relaja?
¿No han visto alguna vez a alguien, generalmente en el trabajo, que a las ocho de la mañana luce una sonrisa de oreja a oreja? Y ¿no ha surgido nunca el comentario...? ¡Vaya, vienes contento/a seguro que anoche tuviste juerga! Esa juerga siempre tiene connotaciones sexuales, es decir no se dice claramente pero se insinúa la relación nocturna vulgarmente conocida como follar.
Cierto es que el post-coito es una agradable ejercicio de relax. Durante el jolgorio propiamente dicho se generan endorfinas que son las que proporcionan un alegre relajamiento al terminar las actividades amatorias. En ese sentido el sexo relaja mucho y bien.
Pero eso es después. Antes o durante ¿es relajante la actividad sexual? Rotundamente no.
Partamos de la idea de que usted no tiene pareja estable y quiere echar un kiki. Que stress ¿verdad? Porque para conseguir sublimar los deseos sexuales hay que trabajar y ¡e qué manera! Si se trata de ligar, primer paso para lo que pretendemos, hay que desplegar toda un serie de estrategias, las mas de las veces falsas, para demostrar a la futura parte contratante que es posible una relación siquiera camera. La naturaleza es sabia y descarta muchas veces esos emparejamientos. Si siempre hubiera química, en el sentido de la atracción, no habría problema; sería cuestión puramente de feromonas, que siendo tan importantes, es pura química señores y señoras, los humanos hemos venido a mezclar con cosas como el amor, la atracción y esas cosas. Así que el hipotético conquistador/a debe trabajarse el lado humano de la cosa y atraer a su compañero/a de manera menos científica, recurriendo a los artificios de la simpatía, la inteligencia, la cosmética, o el dinero, que también funciona. Todo esto es muy cansado y estresante, así que de momento el sexo no es relajante.
Pero lleguemos al momento en que la pareja ha decido meterse entre sábanas, o probar el asiento del coche, el servicio de la disco (lugar asaz desagradable, por cierto) o la mesa de la cocina (peligrosa si tiene cuchillo cerca, si sólo hay harina pues vale). En el momento de empezar el juego pre-coital, tu me besas aquí, yo allí, ahí no que tengo cosquillas, ¡chico despacio que siempre vas a lo mismo!, las cosas no son nada relajadas ya que estás con el agobio de agradar y no molestar al otro en liza.
Y si hablamos del coito propiamente dicho entonces el trabajo es inmenso. Todo el cuerpo dedicado a ese pequeño momento orgásmico.
Se suda, se grita, se agita todo el cuerpo, se tienen calambres, torceduras e incluso alguna caída mas que otra. ¿Eso es relax? Que venga crom y lo mire porque yo no lo veo.
Y...si es tan cansado y estresante ¿por qué gusta tanto y todos nos desvivimos por practicarlo a la menor oportunidad? Pues no lo sé, la verdad.
Ustedes dirán.
© Alfonso Merelo 2006