Ron, ron, la botella de ron.
Ayer, en lo que se conoce como los minutos de la basura parlamentario (o sea justo antes de las vacaciones), el Congreso de los Diputados aprobó un proyecto de ley que modificaba el texto refundido de la Ley de la Propiedad Intelectual. Entre las modificaciones mas sonadas está la de implantar un canon, supongo que irá en la ley de acompañamiento, para todo soporte digital, salvo los discos duros y el ADSL.
Básicamente consiste en cobrar un tanto alzado por la venta de todo soporte de este tipo DVDs, CDs, MP3, grabadores, Pen Drives, disquetes y todo lo que se le ocurra, porque la idea es la siguientes: todo el que compra un tipo de soporte así es para copiar ilegalmente música o imágenes. Por consecuencia todos los usuarios de los mismos son criminales a priori. Eso es, no hay que darle mas vueltas. El hecho de que yo use un CD para tener una copia de seguridad de los capítulos de mi libro -¿les he dicho que he escrito un libro que está pendiente de publicar? me obliga a pagar un canon por si me copio ¿a mi mismo? ¡Pero si el texto es mio! ¿No tengo derecho a copiarlo sin pagarle a una sociedad de autores un dinero que no es suyo? Y en mi trabajo mis oficios, mis resoluciones administrativas de las que guardo copia informatizada, ¿tienen que pagar una canon? ¿Qué derechos de autor conculcan esas copias? Serán en todos los casos mis derechos no los de la SGAE.
Pero se dan también los absurdos paradójicos de los teléfonos móviles. Esos teléfonos están diseñados para hablar y comunicarse. Los adminículos estrafalarios son muy bonitos pero no son su esencia. ¿Qué pueden incorporar tonos? Pues sí pero ya la bajártelos estas pagando por ellos. ¡Ah! ¡Ya! Es por si acaso haces miles de millones de copias y los vendes. ¡Venga ya! Y ¿tengo que pagar por la melodía que el otro día creó mi hijo (es malita, pero es suya) y que me colocó en mi móvil? Será que el regalo también infringe los derechos de autor, en este caso el de mi hijo, del que curiosamente soy tutor. ¡Ahí va! Si al final van a tener razón ¡tengo que proteger a mi hijo de mi mismo! Es que no se me había ocurrido. Le pediré a la SGAE unos euros por la melodía ya que el canon será para repartir entre todos, ¿o no?
Las estupideces de este canon llegan a otros extremos delirantes. Les cuento un caso verídico porque me ocurrió a mí. El lugar: la Facultad de Derecho de la UHU. El caso es que mi Directora de Departamento, a la sazón catedrática de Derecho Civil, me presta un ejemplar de su tesis doctoral publicada por la Universidad de Sevilla. Necesitaba fotocopiar un capítulo sobre las causas de nulidad en los pactos conyugales. Muy ufano bajo a la copistería y les pido que me fotocopien el capítulo. Me dicen que no, que no pueden fotocopiar libros porque infringen los derechos de autor. Hasta ahí de acuerdo, aunque se hartaban de fotocopiar, entre otros mis apuntes. Total que subo al despacho y le cuento el caso a mi jefa. Ella dice, ¡si es que son! Y baja personalmente a la copistería. Cuenta soy fulanita de tal la autora de este libro, hazme una fotocopia de este capítulo por favor. Repuesta: no porque infringe los derechos de autor. ¡Pero si la autora soy yo y lo autorizo! No, que la SGAE nos tiene controlados. ¿Creen que se hicieron las fotocopias? Ummmm, les dejaré en la intriga.
Lo que quiero decir es que estas generalizaciones son sencillamente malas. Que no solucionan el problema de la piratería y que sólo producen beneficios cuantiosos a muy pocas personas. El creer que todos los usuarios son delincuentes prejuzgados y condenados antes de haber hecho uso del producto, supone un quebranto de la seguridad jurídica porque equipara al delincuente con el común de los ciudadanos. Y yo quiero que si cometo un delito se me juzgue con pruebas y se me condene en su caso. Pero no que se presuma que soy un delincuente. Y eso, me temo, es precisamente lo que hace esta reforma legislativa.
¿Qué pensarían ustedes si cuando entre en vigor el carnet por puntos nos retiraran a todos 4 puntos porque a lo mojó dicho en términos Acebianos- ustedes van a sobrepasar el límite de velocidad?. Así que ya adelantamos faena.
¿Lo han pensado bien Señores Diputados?
© Alfonso Merelo 2006