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La muerte en directo

La muerte en directo En el último blog, que tienen por ahí abajo, escribía sobre la pacatería y el puritanismo de los "dirigentes" estadounidense que se mostraban muy afectados por las enseñanzas breves de Janet Jackson.
Hoy me he levantado con una noticia curiosa y patética a su vez: una encuesta del canal de cable Trio muestra que el 67% de los espectadores vería ejecuciones de condenados a muerte en directo. Eso supone que a dos de cada tres estadounidenses encuestados no les importaría ver como se asesina a reos a través de los canales de pago. La encuesta también permite ver que una de las "estrellas" preferida para participar de este macabro. espectáculo sería el líder de Al Qaida, Osama Bin Laden. Y como contrapunto, la encuesta revela que ese mismo porcentaje no admitiría ver en televisión un desnudo femenino frontal. Evidentemente parece que es mucho mas interesante ver un asesinato que a una mujer, u hombre, en pelotas. Es más, un 20% de espectadores pagaría por ver la ejecución de Sadam Hussein, no se sabe si en pago por visión como si de la final de la super bowl se tratará.
Siempre he sido contrario a la pena de muerte, y no comprendo como una persona civilizada puede apoyar la misma, pero que encima alguien pueda regocijarse en observar la muerte de otro ser humano no sólo me repugna, sino que me hace considerar la profunda bajeza moral del que contemple esto.
¿Es que los USA se ha convertido en un país de intransigentes morales?
No me entra en la cabeza que esto pueda ser así. USA es teóricamente el país de las libertades desde hace mucho tiempo, ¿a que se debe entonces esta ola de conservadurismo? Muy probablemente a que el poder actualmente en USA está en mandos de la ultraderecha mas rancia del país. Como se dice en Estúpidos hombres blancos, que recomiendo, "el Sur ha ocupado el poder" y el Sur es ultraconservador.
Sin ir más lejos George W. Bush pretende modificar la constitución de los USA a fin de que, mediante una de sus famosas enmiendas, se prohíba el matrimonio de las parejas homosexuales. Es, al parecer, la primera vez en 200 años que una enmienda pretende disminuir los derechos civiles de parte
de los ciudadanos norteamericanos.
Lo malo es que esa oleada se pueda extender a otros países incluido España. Se observan muchos síntomas de degradación moral en nuestros paisanos, y me incluiré en la lista. Los programas de televisión, que se vienen a llamar tele-basura, tienen un extraordinario índice de audiencia. Los grandes hermanos variados, islas o selvas de famosetes, programas de tarde destripa intimidades, tómbolas y demás, configuran un índice de extrañas panoplias de temas intrascendentes y ofensivos, que hacen dudar de la capacidad de discriminación de nuestra sociedad.
¿Es importante saber quién se acuesta con quien y cómo y cuando? Porque generalmente todos los programas giran en torno a las apetencias sexuales del personal. ¿Eso no es trascender el ámbito privado al público sin ningún tipo de pudor?
No soy mojigato y por supuesto pocas cosas me asustan en la cuestión del refocile, pero no entiendo cómo puede ser agradable para alguien airear sus miserias humanas en las ondas. Comprendo que cualquiera quiera tenga sus 6 segundos de gloria, que decía Andy Warhol; pero ¿a que precio?
De todos modos y puestos a elegir, prefiero contemplar a una imbécil diciendo que se ha acostado con el obispo de Requena (espero que no exista ese obispado) que a un reo, por muy asesino que sea, achicharrado en la silla eléctrica.
©Alfonso Merelo 2004

La teta de la Jackson

La teta de la Jackson A estas alturas hemos sido bombardeados por miles de repeticiones en las varias televisiones sobre el incidente de Janet Jackson durante el descanso de la Superbowl. Por tanto todo el munod debe saber qué paso y sería redundante volver a explicar el incidente. Lo que si llama a reflexión es el follón que se ha montado despues de ésto.
Partiendo de la base de que el suceso en sí es una boutade de la cantante y su acompañante, no se entiende que se produzca tal cruce de opiniones demonizadoras sobre la cantante. Porque, vale que puede ser de mal gusto (aunque a mi no me lo parezca, pero ¿como es posible que un país se escadalice de una simple y fugaz glandula mamaria, exhibida brevemente y parcialmente tapada, y no lo haga de programas de televisión de esos que persiguen al criminal que destroza cuatrocientos coches en la autopista, y arremete contra tres ancianitas que cruzaban por allí?
¿Hipocresía?
¿Pacatería?
¿Puritanismo?
Algo de eso debe de haber. Pero la verdad es que parece extraño que las almas cándidas norteamericanas pongan el grito en el cielo por algo realmente trivial y no lo hagan por que tienen un presidente que ganó de mala manera y que ha sometido ya a su pueblo a un par de guerras en menos de dos años.
No voy a meterme con el pueblo norteamericano, porque sería injusto tabular a todos por el mismo rasero. Pero si es muy curioso, a la par que pone los pelos de punta, que todo el poderío "económico y mediatico" noerteamericano se ensañe con Jackson y no lo haga con Swarzemburguer (lo siento pero jamás escribiré bien ese apellido), actual goberandor de California, puesto que este chico en sus películas mostró mas de una vez su trasero y además mató a muchos en las mismas, aunque esto último es perdonable si lo comparamos con que en la realidad firma ordenes de ejecución que matan a personas reales.
¿Que está pasando? ¿En que se están y nos están convirtiendo?
Porque la consecuencia primera de la teta destapada es que las televisiones retrasmiten con cinco minutos de diferencia los directos, así le da tiempo al realizador a cortar cualquier ramalazo de lo que el crea inconveniente.
Pero la verdad es que eso tambien se da en nuestra televisión. ¿Ya no nos acordamos de cuando Pilar del Castillo entraba en la gala de entrega del premio Principe de Asturias? Mientras que se le abucheaba rotundamente, el presentador Sr. Urdazi tenía la cara de cemento de decir en directo que se aplaudía a la ministra. O piensan que osmos carajotes, o lo somos si no nos damos cuenta.
En fin que por una teta se ha perdido el directo y la libertad de expresión. Y lo que vendrá.
Pues no es para tanto oiga
Alfonso Merelo

¿Irresponsables?

¿Irresponsables? En una novela de George H. White titulada La Tierra después, el autor describe una sociedad desquiciada que se entrega a todo tipo de excesos. Todos los problemas derivados de esta locura son solucionados por una máquina capaz de regenerar el cuerpo a una edad mas joven. Lo mas curiosas es que al “reencarnar” se copia exactamente la posición que ocupaban las células cuando se hizo la primera copia master, incluyendo la posición neuronal, por lo que ese nuevo cuerpo no recuerda nada de su pasado, y automáticamente queda eximido de responsabilidad por cualquier posible delito que pudiera haber cometido.
Esto viene a raíz de que, atónito, oí en la radio una sentencia de un tribunal francés que condena a 6 meses de prisión a un tabernero por proporcionarle bebida a una persona que después atropellaría un ciudadano provocándole la muerte. El tribunal fundamenta la sentencia considerando que el tabernero no debía haberle dado de beber porque debió contemplar que ya había bebido demasiado. La sentencia me parece absurda ya que de generalizarse nos obligaría a prever lo que nuestros conciudadanos van a hacer cuando hacemos o no hacemos cualquier cosa. El tabernero ha pasado a ser culpable de lo que un cretino descerebrado hizo, lo cual no deja de ser chocante
Este caso me hizo pensar qué lugar ocupa actualmente el concepto de responsabilidad entre nosotros. Tengo la sensación de que en nuestra sociedad cada vez se asumen menos las responsabilidades por nuestras acciones. Y esta sensación se me reproduce cada vez que escucho frases como: “la culpa la tiene la sociedad”, “la culpa la tienen los padres” o “la culpa es de la comunidad internacional”. Es decir siempre hay una justificación externa para justificar las acciones de todos. En lamentables caso de abuso la culpa la tiene la victima por vestirse como una puta, no el abusador porque éste no pudo resistirse.
Estamos acostumbrados a volcar las culpas sobre los demás sin aceptar que somos los primeros responsables de nuestras acciones. Y como los gobernantes, que teóricamente son los ejemplos de la sociedad, tampoco asumen sus propios errores, y a los hechos recientes me remito –no había armas de destrucción masiva, pero la culpa la tienen los servicios de información que son unos mantas- ¿cómo se le puede exigir a la sociedad lo que los gobiernos no cumplen? Y esto último es también evadir nuestra responsabilidad personal.
Deberíamos de dejar de escudarnos en los errores de los demás y aceptar de una vez por todas que cada uno somos los primeros responsable de lo que hacemos, porque al final nos vamos a quedar sin responsables a quien pasarles el muerto de la culpa.

© 2004 Alfonso Merelo

Por qué esta página

En los últimos días, en la lista de correo ciencia ficción, se ha producido un pequeño debate sobre los blogs, las agendas en red o como queramos llamarlas.
Algunos listeros mantenían que suponía ser presuntuoso el pensar que “las opiniones que pueda tener o mi quehacer diario le puedan interesar a todo el mundo”. Otros mantenían que el problema estaba en hacer referencia al blog cuando se estaba “conversando” por correo. Es decir, sí se tenía una opinión sobre algún asunto en concreto, en vez de expresarla en la lista, redirigir a los listeros al blog del susodicho opinante. Como decía, y no es literal, un buen amigo: es como si estás charlando en el bar sobre el Barça y que alguien diga ¡yo tengo una opinión muy particular, pero si quieres escucharla te tienes que pasar por casa!.
Pero el caso es que en esto del blogging, de momento, no hay reglas establecidas. Mas o menos cada uno hace lo que le viene en gana, si bien, por lo que he leído hasta ahora, la norma no escrita implica que casi todos los bloggers, si es que se dice así, escribimos sobre nuestros gustos, expresando mas o menos nuestras opiniones sobre lo humano y lo divino.
En mi caso no pretendería que este blog significara una justificación, porque en realidad no tengo por que darla. Pero hay un hecho claro: estoy escribiendo en un lugar de Internet al que todos los conectados -¡ uppps!, esto suena muy mal- pueden acceder. Entonces la pregunta es: ¿por qué desvelar mis pensamientos al resto de los mortales, que por pocos que sean, que me leen?
Difícil cuestión de resolver. Lo primero que se me viene a la mente es que el ejercicio de escribir, mal o bien eso da igual, es un puro ejemplo de narcisismo. Hay que recordar que el narcisista es aquel tipo tan apegado a sí mismo, que los demás, el resto del mundo, le importan un pimiento, o huevo según las circunstancias y circunloquios. Sin embargo no estoy totalmente de acuerdo con ese encorsetamiento narcisista en el blogger, ya que al menos en mi caso sí me importan los demás, y por eso, tal vez, es por lo que decidí lanzarme a crear una página WEB, o lo que sea.
Es evidente que no es sólo el puro afán altruista lo que me mueve, entre otras cosas porque tampoco tengo mucho que aportar. El escribir supone también una cura de autoestima, porque el ego se envanece cuando alguien lee tus paridas y las comenta, aunque sea para mal. Eso de que “hablen de ti aunque sea mal” es un verdad de las mas veraces.
Llegados a este punto podré contestar a la pregunta y la respuesta debe ser, a la luz de lo escrito, que me gusta escribir para que me alguien, el posible lector, comparta mis opiniones, o no, pero que al menos las conozca y pueda discutir En una palabra: comunicación. Eso, pienso, es la misión básica de todo ser humano: el compartir con los demás tus propios pensamientos. Sin compartir, desde luego, no merecería la pena vivir.
Así que prometo no interrumpir las lista enviando direcciones de mi blog, pero desde luego seguiré desgranando chorradas mientras siquiera, mi madre- ¡cómo son las madres!, me lea.

© Alfonso Merelo 2004

Con mi chándal y mis tacones yo voy al hiper…

Con mi chándal y mis tacones yo voy al hiper… No es que suela aparecer en los hipermercados de tamaña guisa, el título sólo hace referencia a una canción de Martirio, en la que se daba una visión muy interesante de lo que es una visita a un hiper.
Esto viene a raiz de la inmensa cantidad de personal que en estas fechas y hasta el 5 de enero, luego vendrán las rebajas que esa es otra, acuden ansiosos a efectuar las compras, o lo que sea, de navidad a estos establecimientos.
A estos grandes centros comerciales suele acudir la manada familiar completa. Los padres, toda su camada si esta es menor de 13 años, e incluso los abuelos si los hubiere. Cualquier día, preferentemente si es fin de semana, el padre o la madre deciden que se van al hiper, y todos se visten con ropa ligera, zapatillas deportivas, se enfundan las tarjetas de débito y crédito y se embuten en el automóvil, que si es “manovolumen” ya da un cuasi status de familia numerosa y con posibles. Todos van alegres y contentos durante el trayecto. Esta alegría dura exclusivamente hasta el momento en que se llega a la inmensa cola para acceder al centro comercial. Todos y cada uno de los habitantes de la ciudad han tenido la misma idea y, lo que es mas, han coincidido para ponerse de acuerdo en la misma hora. A las seis y media de la tarde el aparcamiento ya está colapsado y los pocos guardias de seguridad, trastocados en improvisados guardias urbanos, se vuelven neuróticos intentando dar un poco de orden al caos que se ha formado. Llegados a este extremo, cualquier persona medianamente inteligente da media vuelta y se va a otro sitio, las tiendas del centro sin ir mas lejos, que al menos te permiten pasear entre una y otra, o directamente se vuelve a casa. El homo-consumis aguanta, sin embargo, la cola y espera un hueco donde aposentar los neumáticos de su automóvil, que como lo compró para vacilar de tenerlo mas grande que el del vecino (observen las connotaciones freudianas del hecho), no cabe en ningún hueco. El Pater.-familias hecha ya espumarajos por la boca cuando observa al “sieso” del opel corsa, que ha llegado después que él, como aparca entre una fila de carritos y una gran papelera. Por fin, a cuatro kilómetros aproximadamente de la entrada del centro comercial, la feliz familia baja de su automóvil y se disponen a comenzar las compras navideñas. Han pasado ya dos horas desde que salieron de su domicilio, pero es igual: la ilusión la mantienen incólume.
La entrada del centro está atestada de personas que intentan hacerse con un carrito de la compra sin éxito. Después de muchas vueltas consiguen que una amable señora les ceda su carrito a cambio de un euro, que es lo que se ha de introducir en la ranura para poder disfrutar del mismo (si se permite el excurso: otra connotación netamente sexual). Una vez situados dentro del hipermercado o centro comercial nuestra audaz familia, después de dar las vueltas de rigor por las calles apiladas de artículos, comprueba que la mitad de lo que viene a comprar no está y que la otra mitad se encuentra atestada de elementos guerrilleros que asaltan sin piedad las bien nutridas repisas. En una hora de estancia han conseguido comprar dos cajas de polvorones y dos botellas de coñac. Bien se cierto que a ninguno les gustan los polvorones, pero como no había hojaldrinas pues algo había que comprar.
La siguiente parada es la sección de juguetes. Si la familia dispone de niños menores de 9 años, el problema de ocultar ese secreto a voces que se produce todos los 6 de enero, es de lo más difícil. Siempre se pilla alguna conversación comprometedora del tipo: ¿Qué quieres que te regale para el día de…? O pregunta del pequeñín: “Máma” ¿por qué la gente compra tantos juguetes si dentro de “na” vienen los Reyes? La respuesta socorrida es: será para cumpleaños. Con esos inconvenientes los avispados progenitores intentan hacerse una composición de lugar sobre lo que el hijito desearía que los Reyes le trajeran. Esto es también imposible ya que el tierno infante cambia de opinión cada 5 minutos. En realidad le gustaría que le trajesen todos y cada uno de los juguetes expuestos. De hecho, se han dado casos en que en la carta a los Reyes alguien ha pedido el Corte Inglés entero. Y no se trataba de una OPA hostil.
Una vez terminado el amago de compra, las criaturitas piensan que ha llegado el momento de merendar, y dada la hora que es, mejor cenar. Esto implica meter el carrito con las compras dentro de, claro está, una hamburguesería. No se van a recorrer los 4 kilómetros hasta el coche para dejar las cosas. Así que nuestros aguerridos compradores, penetran en una de esas multinacionales de la comida basura, para deglutir, porque de degustar nada de nada, unos trozos de algo que se parece a la carne con un pan que se parece al pan sólo en el nombre. A dos de los niños no les gustan las hamburguesas, pero como en el menú infantil regalan un espantoso muñequito de la película de moda, lo piden para no comérselo. Si acaso se comerán las “papas” fritas, congeladas y asquerosas, que trae el menú. ¿No sería mejor comprarles directamente el consabido muñequito? Pero no, el consumo es así y así seguirá.
La odisea llega a su fin. Nuestros protagonistas llegan a casa, cansados, fatigados, con hambre y sin compras. Pero como buen homo-consumis lo volverá a intentar a lo largo de las fiestas e infatigable al desaliento volverá a encontrarse en medio de la multitud tratando de encontrar ese pequeño regalo o delicattessen que le compense un poquito su monotonía vital

© Alfonso Merelo

Árboles y Belenes: manual de colocación

Árboles y Belenes: manual de colocación ¿Qué sería de una casa decente sin el Belén y/o árbol de Navidad?
Cualquiera que visite estos días una casa ajena se dará cuenta que las tradiciones se cumplen a rajatabla.
El nacimiento, o siquiera el Belén, y el árbol de Navidad ocupan un lugar destacado en todas las casas que se precien de celebrar estas fiestas.
El caso es que a primeros de diciembre, generalmente después del puente de la Constitución, se comienza a adornar el salón con motivos alusivos a la Navidad. Estrellas, espumillón, velas, bolas de colorines o papas noeles variados ocupan mesas, librerías y otros lugares apropiados para “embellecer” las viviendas.
El proceso que se sigue para la elaboración de tan efímeras construcciones suele seguir unas pautas determinas que difieren muy poco entre unas viviendas y otras.
Generalmente se suele elegir un fin de semana para tan bello entretenimiento. Al grito del padre o de la madre de: ¡niños vamos a hacer el Belen!, las huestes productivas comienzan a movilizarse para conseguir que los adornos lleguen a buen fin.
De momento nos encontramos con un problema de logística: ¿Dónde guardamos el año pasado los adornos? El padre recuerda que en lo alto de un armario. Por supuesto, cuando se va a mirar en ese armario las cajas no están. El susodicho progenitor pregunta: ¿María, no estaban aquí las figuritas? María responde que sí, pero que como hizo limpieza general en agosto, las cajas han cambiado de sitio y que cree que están en el trastero. El trastero suele ser un lugar de imposible entrada, ya que cajas y trastos de todas clases se acumulan sin ningun tipio de orden o coherencia en el reducido espacio disponible. Podemos encontrar una bicicleta al lado de una colchoneta inflable y esa caja de botellas de vino, que creías haberte bebido, junto al ordenador 8088 que abandonaste diez años atrás. Pero buscando con ahínco, los intrépidos “arqueólogos” encuentran las cajas de figuritas y adornos. Previamente se han pasado dos horas viendo lo que hay en el trastero. ¡Mira papá mis patines de ruedas alineadas!, ¡hay va... mi videojuego Atari!, me lo llevo. Consecuencia del redescubrimiento del trastero, se vuelve a casa con las cajas que se fueron a buscar, pero además con un pin-ball, al que le falta una pata, una caja de libros con novelas de a duro que hace mucho tiempo que no se hojean, la caja de vinos –picados por cierto-, y un disfraz cochambroso que ha localizado el pequeñín de la casa. El espectáculo al entrar en la casa es el de una caravana de mercaderes que va a instalar su tienda en medio de un oasis.
A la madre, al ver lo que traen, se le cambia la cara. ¿Pero qué traéis? ¿Estáis locos? ¡No quiero mas mierdas en casa! El marido le contesta – Mujer es que hemos encontrado estas cosillas, en cuanto las veamos lo bajamos todo. La madre, que sabe que eso no va a suceder, se resigna diciendo –Pero no quiero esos trastos en medio, meterlos en la habitación de juegos.
Subsanada esa eventualidad madrera, los esforzados buscadores de tesoros se disponen a instalar en primer lugar el Belén. Una vez esparcido todo el contenido de las cajas, esparcimiento que recuerda mucho a un campo de refugiados palestino, se comienza la ardua tarea de ubicar, mas o menos lógicamente, las figuritas, el portal y todo lo demás. Como siempre se es poco previsor, no se ha contado con el papel del fondo y con la base, de color verde u otro, donde disponer el Belén. Si es un sábado, el Hiper está abierto y se puede comprar lo que falta, pero si es domingo se recurre al nunca bien ponderado papel de embalaje, que lo mismo pude simular una montaña que un río si se pinta adecuadamente.
La instalación en sí es teóricamente poco complicada. Las desavenencias surgen cuando el pequeño pretende colocar doscientos patos en el río, en el que sólo caben cinco, o situar el palacio de Poncio Pilatos en plena montaña de papel - al ser de papel, el palacio suele desplomarse y ahy que recurrir a la cinta adhesiva para sujetarlo- y, lo mas importante, en que secuencia se coloca la Virgen, el Niño, San José y los bichos que les acompañan. Esto último da igual porque el pequeño ya se irá encargando de moverlos de sitio, al mismo tiempo que acerca a los Reyes Magos hacia el pesebre.
Durante la colocación, las rodajas de chorizo del bocadillo han ido cayendo encima del papel, lo que le da un bonito toque rojo sanguinoliento, que no pega mucho, porque estamos en la Natividad y no en la Pasión. Aunque siempre se puede decir que es el sacrificio de un pollo, que también contiene el Belén.
Después de terminar el Belén, con el último rectoque de nieve en su forma harinosa, se procede, si ha lugar, a la intalación del árbol navideño. Este árbol puede ser de varios tamaños pero, dadas las casas actuales y a no ser que usted posea una mansión solariega, no sobrepasará en ningún caso los dos metros de altura, maceta incluida. Contamos con dos tipos de árbol, el abeto comparado en el hiper y el de plástico. Como ecológico no se cual de los dos lo es mas, si bien no cortas ningun árbol, el plástico contamina mucho. Lo único por lo que mejora el plástico al natural es su longevidad. Dura muuuchos años si se cuidad.
La escena de la colocación es muy interesante en si misma, ya que el colocador de bolitas y otros adornos, generalmente el padre, subirá a un taburete o escalera, que nos proporciona el agradable componente circense navideño. El taburete, o la escalera, es muy posible -seguro- que esté descuadrado, con lo que nuestro arriesgado colocador debe mantener un precario equilibrio y no desplazarse lateralmente demasiado, debido al consiguiente riesgo de deslome al impactar contra el suelo despues de planear bellamente. Sin embargo, lo mas peligros es colocar las luces. Las lucecitas vienen dispuestas en ristras de una docena más o menos. Estas ristras acaban siempre retorcidas y resulta muy complicado el extenderlas en toda su longitud. Además cuando se hace la prueba de alumbrado, cual feria de Sevilla cutre, hay alguna que no enciende, o bien es la ristra completa la que no lo hace. Si se ha tenido la precaución de probarlas anteriormente, el defecto puede subsanarse fácilmente, pero si ya están colocadas la reparación se hace asaz difícil. En este último caso es muy probable que al enchufar las luces, el que la enchufe se lleve una descarga eléctrica y se produzca inmediatamente un apagón de toda la casa al sufrir la instalación un cortocircuito fulminante.
Por fín se termina la tarea. El Belén y el árbol están ya listos. Sólo queda disfrutar del espectáculo. Del espectáculo y del último acto de esa tarde: la indignación de la madre al ver esparcido por doquier las cajas, los recortes y los espumillones sobrantes, porque siempre sobran, de la colocación. Pero la misión ha sido llevada a buen término con relativas pocas bajas. Ahora sólo queda que el pequeño modifique a su antojo el Belen, incorporando madelmanes o cliks de famóbil al conjunto, lo que le da un toque tecno interesantísimo, y que de vez en cuando se acerque alguien al árbol para comerse las horrorosas figuras del horroroso chocolate que de él penden.
En enero se recogerá todo, pero esa es otra historia que no se si merecerá la pena contar.
© Alfonso Merelo

¿Dónde vamos? O ni se le ocurra organizar una comida de empresa

¿Dónde vamos? O ni se le ocurra organizar una comida de empresa ¿Este año dónde vamos a ir a comer? Esta pregunta se la plantean muchos cuando se acerca la fecha navideña, porque los compañeros de trabajo suelen reunirse para compartir una comida o cena anual, que incluye a jefes y a casi todos los empleados a cargo.
Esto, que podría ser una cosa sencilla, se torna cada vez mas complicada.
Si paga la empresa, no hay problema, ya que el gorroneo está decidido de antemano y sólo resta aprovecharlo lo mas posible. El problema se vuelve interesante cuando son los propios compañeros los que organizan la comida. Generalmente esta función se delega en alguien, que acepta remiso. Alguien que durante unos días se transforma en foco de atención para el resto de la oficina. Preguntas tales como: ¿dónde vamos a ir? ¿qué vamos a comer? ¿Puedo llevar a mi señora?, transforman al pobre “voluntario” en blanco de la diversidad antagónica de sus compañeros. Porque ese es el quid de la cuestión: la diversidad. Si se propone un día concreto, a dos no les viene bien. Si se dice que cena, cinco dicen que comida. Si se dice que vamos fuera de la ciudad, cuatro, que coinciden con los de la cena, dicen que ellos no cogen el coche. En definitiva una serie de problemas que sufre el “organizador”.
Una vez que el día y la hora se ha decidido, se debe llamar por teléfono a varios restaurantes o salones de comidas para ver si se pude disponer de mesa para la fecha. Como el proceso de negociación sobre la fecha ha sido árduo, resulta que estamos a día 10 y la comida es el 12, obviamente la mayoría de los lugares no disponen de plazas. Por fin se descubre un restaurante que tiene a su disposición sitio suficiente. Ha llamado previamente a 14 restaurantes, 12 salas de banquetes, 4 pizzerías, y 5 chinos y en todos le han dicho que no disponían de sitio, por tanto el “organizador” toma una decisión. Reserva mesa para 14 comensales.
Ese es el peor error que se puede cometer, porque una vez concertado el local, Francisco, el de administración, que se acaba de enterar que hay comida dice:
- ¿El Braseador Compulsivo? ¿Ahí vamos? Pues conmigo no cuentes, que una vez fui y me pusieron la carne medio cruda y después muy hecha. Nada, nada es una mierda.
Ya tenemos lio. Unos dicen que si otros dicen que no, pero al final Francisco, el de administración, cede y consiente. El “organizador” respira por fín. La tranquilidad sólo dura hasta el momento en que se muestra el menú. ¿Gambas? Si en navidades las ponen congeladas. A mi no me gustan los espárragos. ¿Paté para untar?, yo prefiero chuletón, y así hasta el infinito.
Se llega a un consenso de mínimos, no sin antes haberle prometido el mismo “organizador” a Charito que el le da sus espárragos y se los cambia por la “coqletas” de rape, que a ella no le gustan.
El día está ya aquí. Con el permiso de los jefes se sale un pelín antes y todos se dirigen al Braseador Compulsivo, que naturalmente se situa en un lugar donde no hay aparcamientos. Llegados al restaurante, los primeros se relajan tomando unas cervecitas menos Jose Carlos, el de compras, que se pasa directamente al Rioja de marca. En esto suena el móvil. Es Carlos, el de inventario, que no sabe donde está. Después de explicarle por dónde puede acceder, aparece Begoña, que no pensaba venir pero que al final si puede porque le ha dejado los niños a sus suegra. Como la mesa está preparada para catorce, hay que hacer hueco, con lo que todos se estrechan mas si cabe, porque el sitio ya no era de por sí enorme.
Han llegado todos. Comienza la comida. El camarero se muestra impotente para atender tantas peticiones a la vez. ¡Una Cerveza! ¡A mi una clarita pero con dos deditos sólo de casera! Jose Carlos sigue con el rioja de marca, ya lleva media botella y el camarero opta por dejarla a su lado. Al menos así se ahorrará el rellenar la copa cada cinco minutos.
Llegan los entremeses. Comentario general: ¡Que poco jamón! Y además de pata negra nada, que el que tengo en mi casa si que es auténtico. Se continúa bebiendo, y cada vez que llega un plato nuevo el grado de insatisfacción va a aumentando.
¡Estos calamares son congelados!
¡La lechuga está muy verde!
¡Los taquitos de atún están fríos!
El único que no dice nada es Jose Carlos que ya va por la segunda botella.
El maitre se acerca para preguntar por lo platos principales. A Mari Cinti se le ocurre pedir carne en salsa, pero sin salsa. El maitre le contesta que la carne en salsa, como su propio nombre indica, tiene salsa y que no es posible quitarla, si bien dirá a la cocina que le pongan poca.
Cuando llegan los platos a la mesa, Jose Carlos, que ya ha empezado la tercera botella, comenta que su carne asada está en su punto. Ya no dice mas y sigue comiendo y bebiendo. Debe ser el único al que le gusta el plato. Los que pidieron pescado en salsa verde opinan que la salsa está salada. Tal vez sea consecuencia de que el pescado es bacalao. Los que pidieron carne no se ponen de acuerdo; para unos está poco hecha y para otros muy pasada.
El que no dice nada ni siquiera levanta su mirada de su plato es el “organizador”. Todas las quejas generales han pasado por él, y a grandes gritos ha tenido que soportar la humillación de Angel, que le ha espetado: ¡Si lo hubiera organizado yo, esto no habría pasado, porque conozco yo un sitio que…! (al margen habría que decir que nuestro organizador piensa: ¡por mis muertos que la próxima la va a organizar tu puta madre!)
Lo pero está por llegar. Después de los postres, los cafés el cava y las copas, llega la hora de pagar a escote. ¿Quién recibirá el aporte de cada comensal? Evidentemente el “organizador”. Ya que estamos pues que haga la faena completa. De momento el cubierto sale a 40 euros en vez de a 30 que era lo pactado. Grandes voces hablan de estafa y de timo. El “organizador” que ya sabía lo que iba a pasar, habla con voz cortada de lo que se ha consumido aparte del menú y que consiste en: 4 botellas de rioja de reserva del 94, tres platos mas de jamón y 4 de caña de lomo, un plato de venado, porque Mari Cinti devolvió su carne en salsa porque no le gustaba, tres helados mas que Gloria es muy chuchera, 12 güiskis Cardús, 4 "caféses" irlandeses, dos puros, y cuatro paquetes de tabaco. Total 10 euros mas por persona. Después de airadas protestas, el personal paga y se deja propina, porque eran 39,75 lo que correspondía a cada uno y se han pedido 40. Este intento de “propinar”, es coartado por Rafael que dice que de propina nada, que se emplee de fondo para copas posteriores. ¡Claro que sí. 3 euros con setenta y cinco para copas! Todo un capital.
La reunión se levanta. El “organizador” se despide de los camareros con la mirada gacha. Se acabó. Ahora de copas al pub mas cercano. El “organizador”, mira disimuladamente como se alejan sus compañeros y piensa: ¿Copas… y una leche? ¡A mi casa, pero rapidito. Que les den por saco!

© Alfonso Merelo

Llega la Navidad, con sabor de mazapán…

Llega la Navidad, con sabor de mazapán… Así empezaba una canción de los payasos de la tele, o sea los Aragón en pleno. La canción no hace mas que reflejar un hecho que se repite machaconamente año tras año ¡otra vez es Navidad! O sea que estamos un año más viejos, probablemente más rellenitos y nos volvemos a reencontrar con las mismas secuencias que vivimos una y otra vez a lo largo de los años. Porque la Navidad es repetición, reiteración y aburrimiento. Por mucho espíritu festivo que se tenga, la misma sucesión de sucesos, valga la redundancia, terminan por resultar cansados. Nada se deja a la improvisación. Los grandes centros comerciales nos avasallan con su publicidad. Nos meten a los carteros reales, papas noeles, estrellas de oriente y esa fauna de trabajadores temporeros disfrazados de personajes de Flash Gordon en todas las secciones. Se nos ofrecen las mismas cosas que todos los años: pavos, turrones, cavas, hojaldrinas, mazapanes y un largo etc. de consumibles y fungibles varios, pero que siempre son los mismos. ¿Quién se resiste a tomar un polvorón en navidad? Nadie.
Es época de consumismo máximo; el ochenta por ciento de los juguetes se venden en esta época y el noventa por ciento de los turrones y dulces navideños (salvedad de los puestos de turrón de ferias variadas, que en agosto, suponen un contraste excelente con el calor).
La Navidad también conlleva varios escenarios riterativos, como ya he dicho. Estos son,, en esencia, los más típicos:
- Comida de trabajo
- Colocación del Belen y árbol de Navidad
- Compras en el Hiper
- Elaboración de la cena de Nochebuena
- Cena y comida de Nochebuena y Navidad
- Fiesta de fin de año
- Reyes Magos

En estos días pienso escribir una pequeña reflexión sobre cada uno de estos temas que envuelven la Navidad.
© Alfonso Merelo