Blogia
- MEMORANDO -

General

Eclipse

Eclipse Sobre las 11 de la mañana he salido de mi trabajo a desayunar como hago habitualmente. Dado que aun hace calor y luz intensa, antes de salir del edificio me he puesto mis habituales gafas de sol. La sorpresa se ha producido al alcanzar la calle. Una luz diferente, apagada es la que me ha recibido. No se trataba de nubes, ni de crepúsculo: era una luz diferente que nunca vemos. Inmediatamente he recordado que hoy había previsto un eclipse para esa hora precisamente. No lo había recordado en toda la mañana y por eso me sorprendió ver esa extraña luminosidad. La luz era sombría, si es que eso puede darse, y producía unos extraños reflejos matizando las sombras de los árboles. El día era mas dorado, pero de color del oro viejo.
No puede echar un vistazo al sol directamente, aunque aquí en Huelva no se dio el eclipse anular completo, puesto que no me había provisto de esas divertidas gafitas que hacían parecer a la gente recién salida de una peli en 3D. El espectáculo estuvo en contemplar la luz que se filtraba y se oscurecía por todos lados. Era un espectáculo infrecuente y precioso. La ciudad se veía bajo otro prisma y un diferente colorido que destacaba por sus claroscuros.
Imagino cómo debieron de sentir estos fenómenos nuestros antepasados cuando no se conocían los fenómenos astronómicos. Si yo, que se supone tengo un cierto conocimiento de estos sucesos, me sorprendí momentáneamente y me maravillé del contraste, no puedo sin siquiera suponer la reacción de gentes del siglo X ante los mismos hechos. Si la ciudad quedaba envuelta en una luz fantasmagórica, pero explicable, sin esa explicación el efecto debió ser siempre terrible. No es de extrañar los miedos y los suicidios que se dieron en muchos casos ante acontecimientos similares.
El eclipse pasó y el mundo no acabó.
Pero en mi interior, muy en el fondo, sentí un temor atávico. Un miedo a la situación que se vio incrementado con un ligero viento fresco que se desató en ese momento.
Indudablemente los eclipses nos afectan, y mucho.
Esperemos al próximo que será allá por el dos mil ventitantos, creo
© Alfonso Merelo

Otro ídolo

Otro ídolo Que un chaval de 24 años gane el campeonato del mundo de Fórmula 1 debe ser noticia de portada en todos los periódicos porque se sale de lo corriente. Hay que felicitar, y felicitarnos en la (poca) parte que nos toca, a Fernando Alonso por haber conquistado ese campeonato. Incluso hay que felicitarle por haber sido nombrado premio Príncipe de Asturias del deporte. Que deporte debe ser aunque vaya en coche de última tecnología. Al menos se le ve sudado cuando acaba una carrera.
Cuando me hago mis carreritas vespertinas, para ver si bajo mi colesterol, estoy practicando un deporte aunque sea de manera poco eficiente y profesional. Pero: ¿si conduzco un renault megane, para no salirnos de la marca, practica un deporte amateur? Yo diría que no.
Pero aceptando que la Fórmula 1 es un deporte, éste debe tener sus ídolos y a los españolitos, y particularmente a los asturianos, nos ha caído un nuevo.
El flamante campeón se convirtió ayer en excusa para que unos cuantos miles de personas festejaran un triunfo que les era ajeno porque no habían contribuido en nada a conseguirlo. Pero todo está bien si se tiene algo o alguien a quien colgar un motivo para festejar. Lo festejamos todo. Somos así. Y ayer, una persona sobria y que no bebe casi nada mas que agua, sirvió para que muchos se identificaran con él y se bebieran toda la sidra posible allá en su Asturias natal.
¿Para que poner esa excusa? Pues seguramente porque necesitamos un aglutinante que nos saque de la monotonía y cualquier cosa es buena para despejar la tarde del domingo. Da igual si es un brasileño haciendo la cucaracha que un asturiano tocándole las narices a los ingleses o a los otrora todopoderosos ferrari italianos.
Y encima gana con un coche francés que lleva neumáticos michelín.
A estas alturas no se si le hemos metido un gol a los franceses o ellos a nosotros.
Lo próximo será que el Cádiz se clasifique para la liga de champiñones. Si eso pasa, ya lo contaré.
© Alfonso Merelo 2005

Timo

Timo "Mida que eztampita tengo. Te la cambio".
En la película "Los que tocan el piano", que protagonizara Tony Leblanc, una de las escenas mostraba como se producía el timo de la estampita. Un "pobre paleto", que intentaba aprovecharse de un "tonto", era timado con un sobre lleno de papeles que creía billetes.
Hoy, a las 6 de la mañana, me han intentado timar a mi.
Me han enviado uno de lso famosos correos "phising", que dicen es la contracción de "password harvesting fishing" (cosecha y pesca de contraseñas), para intentar saber mis claves de acceso bancario a internet.
Pues vale.
Me temo que no he picado.
Así que en este caso han fracasado miserablemente, aparte, claro está, de que no tengo un duro y que mi crédito es cero patatero.
Pero el caso es que la gente inventa de todo para vivir del cuento y no dar un palo al agua.
Si tanto conocimiento tienes de internet y de progrmación, dedíacalos a lago productivo, esto lo es pero no es muy lícito que digamos.
Pero en la era de las tecnologías punta, o putas depende de como se mire, estos sucesos van a aestar a la orden del día. Por mucho que te blindes, es seguro que un un momento determinado algún "genio" será capaz de acceder a tus datos y entonces veremos.
Alfonso Merelo 2005

Fat Boy

Fat Boy Hace 60 años a las 11:02, hora del pacífico, el bombardero B-29 “Bock’s Car” lanzó sobre la ciudad japonesa de Nagasaki una bomba de plutonio a la que llamaron Fat Boy.
Tres días antes una bomba de uranio había impactado contra la ciudad de Hiroshima ocasionando la destrucción casi completa de la ciudad y matando a la mayoría de sus habitantes.
En ambas explosiones, todo lo que se encontraba en un radio de 2 kilómetros quedó desintegrado, aunque la verdadera pérdida fura la de vidas humanas. En el primer impacto murieron 70.000 personas y se calcula que en total murieron a consecuencia de las dos bombas casi 250.000 seres humanos.
Sobre las motivaciones para lanzar los dos ingenios explosivos sobre poblaciones civiles se ha escrito mucho y con variadas tesis.
La “oficial” implica que ese lanzamiento se hizo para evitar la sangría que implicaba la guerra en Asia para las tropas norteamericanas. Pero una vez vencida Alemania e Italia, las tropas aliadas se hubieran desviado contra Japón para derrotarlo. La guerra no hubiera podido durar mucho y con mucho costo.
Lo que pueda parecer mas plausible es que los USA necesitaban una demostración de fuerza al mundo. Decir “ahora somos los amos”. Y sobre todo advertir a Stalin que no se le iba a permitir una expansión en Asia.
La primera bomba tiene una “justificación” según esa tesis oficial, pero no la segunda. La segunda era simplemente la bravuconada del gamberro de la clase que, una vez vencido al compañero, le escupe en el suelo a sabiendas que no tiene capacidad de reacción.
Afortunadamente nunca mas se ha utilizado un arma nuclear contra otra población u ejército.
¿Se pudo evitar esta masacre? Sin duda. Se podría haber realizado la explosión en un desierto invitando a los militares japoneses a contemplar los efectos. Se eligió la opción mas “efectista” pero también la mas cruel.
A 60 años de la explosión es hora de que recordar a estos muertos.
Como siempre, los que pagaron fueron el pueblo, porque el repugnante emperador Hiro Hito sobrevivió y siguió gobernando sin problemas.
Y ahora la India y Pakistán se enzarzan en una carrera nuclear por un quítame allá Cachemira. O el ultra religioso líder Iraní decide que va a empezar a desarrollar tecnología nuclear para “usos pacíficos”. Pues muy bien.
No aprendemos.
© Alfonso Merelo 2005

Otra de sardinas

Otra de sardinas Rafael Marín en su columna de hoy de la Voz de Cádiz escribe, bien como siempre, sobre lo que ha supuesto para las playas de Cádiz las barbacoas del Trofeo Carranza. Mas de 200.000 personas se han concentrado, fundamentalmente en la Victoria, para jartarse de sardinas, pinchitos, cerveza, cubatas y similares. En mi anterior comentario en esta bitácora incidía en la misma dirección de la columna de Marín: la playa queda destrozada para los restos y no se recuperará para que los gaditanos y “veraneantes”, fuente de numerosos ingresos en Cádiz, puedan disfrutar de ella lo que queda de verano. Ya veremos si esto afecta a las visitas del año que viene.
Pero ¿cómo se ha llegado a esta monstruosa masificación de gente en un solo día?
Pues sencillamente porque se prohibieron las barbacoas en su día.
Cundo aún estaba Carlos Díaz de alcalde y el paseo marítimo no es como ahora, sino algo mas cutre, se hacían sangrías y barbacoas a lo largo de todo el verano y no pasaba nada.
Las casetas familiares, del Hotel Playa hacia Cortadura, eran cuasi segundas viviendas donde se vivía en la playa. Porque lo del calor, siempre ha hecho calor señores periodistas- y mucho-, en Cádiz se combatía en la playa. En la playa se llegaba temprano, se comía, se merendaba y se cenaba. Y de vez en cuando, por la noche, se hacían sangrías y en algunos casos barbacoas. Éstas estaban dispersas y no molestaban.
Recuerdo las nuestras en una caseta, primero de madera después de obra, justo enfrente de Isecotel. Allí, a partir de 1979, nos juntábamos 30 40 o 50 personas a disfrutar un ratito de la playa, porque el marco era incomparable. Se bebía, se ligaba, se bañaba uno, se compartía un rato de charla con el vigilante –incluso había un vigilante mudo que ya nos conocía y que se tomaba su vasito con nosotros. Y después se recogía. La caseta quedaba inmaculada para el día siguiente. Esto se hacía varias veces en el verano y coincidían simultáneamente una veintena de las mismas a lo largo de toda la playa. Espacio más que suficiente para que todos estuviéramos cómodos.
En el año 1981 decidimos hacer una sangría de fin de verano coincidiendo con el sábado del trofeo. Esta sangría servía de despedida para nuestros amigos y amigas de otros sitios que acababan las vacaciones. La tónica de esa noche fue igual que las del resto del verano: unas pocas barbacoas y ya está. Eso lo repetimos varios años hasta que entró la fiebre de prohibir la utilización de la playa para estas cosas. No recuerdo de quien fue la idea, si de sociatas o peperos; da igual. El hecho es que se concentró todas las posibles barbacoas en un solo y multitudinario mogollón veraniego.
Y desde entonces
Esta la playa como una feria
Valgame San Cleto lo que son las cosas populares.
Esto no es lo que habíamos empezado hace muchos años.
Esto es una barbaridad.
Pero bueno:
Si se prefiere destrozar la playa durante un mes por un día de sardinas y borrachera.
Ustedes mismos.
Después no se quejen
© Alfonso Merelo 2005

Por cierto: Dice el ayuntamiento que han sido este año 250.000 personas. Yo me pregunto: Si Cádiz tiene 150.000 habitantes y no todos van a la playa ese día ¿De donde han salido los demás? ¿Nos invaden los foráneos?

La barbacoa, la barbacoa, como me gusta la barbaqiu

La barbacoa, la barbacoa, como me gusta la barbaqiu Ya se acerca el evento de verano en Cai.
¡Mas fuerte que los festivales en el Pemán!
¡Mas fueeeeerte que el propio Trofeo Carranza!
¡Mas potente que los coros en el carrusel!
Llegan..............:
¡LAS BARBACOAS DEL TROFEO!

La Victoria es una de las playas urbanas mas bonitas y mejor conservadas de Europa. Pero sólo hasta que llegan la Barbacoas.
Ya Romualdo cantaba por boca de los Cruzados Mágicos:
Serias la mejor del Sur
Si se pudiera disponer
De un cuarto metro de tu arena
Sin broza, mierda y peste a pies, en referencia a la playa Victora de Cádiz.
Pues imagínense lo que es el pestazo generado por 100.000 personas (o 200.000 que nunca se ponen de acuerdo) durante toda una noche asando sardinas, chuletas, chorizos, y lo que se tercie, y echando raspas de sardinas, cubatas, cervezas, carbón y miles de cosas mas a la arena.
Eso es lo que ocurre después de las barbacoas. Es cierto que un eficaz servicio de limpieza se ocupa de despejar las toneladas de porquería a las siete de la mañana del día siguiente, pero la playa no se recupera hasta pasados al menos 5 o siete días del “evento”.
Este año no les arriendo las ganancias a los gaditanos y forasteros que disfruten sus vacaciones en agosto. El Trofeo se ha adelantado para este próximo fin de semana y me temo que la playa va a quedar como si hubiera pasado la marabunta por ella.
Otros años, al menos era a finales de agosto pero este año, de mundiales y cosas así, nos ha cogido el toro.
Pero que le vamos a hacer.
Todo sea por el pueblo gaditano, aunque cada vez vayan menos gaditanos.
Aunque cada vez la playa quede mas destrozada.
No importa.
Sale en los papeles esta gran astacranada y eso para los políticos es lo único importante
Que ustedes lo pasen bien.
Mañana les contaré cómo surgieron esas barbacoas.
©Alfonso Merelo 2005

Los ingleses son... ingleses.

Los ingleses son... ingleses. La frase del título es una perogrullada pero que he podido comporbar totalmente cierta
Quiero decir que los ingleses son diferentes. Que la llamada “flema” británica existe. Que no son inventos de autopromoción.
El que escribe ha pasado una semana en Londres, concretamente llegué el día cinco de julio, por lo que es fácilmente deducible que ha vivido el atentado del día siete en toda su salsa.
La historia del día siete es una historia trágica y a la vez reveladora.
Como todos los viajeros que se precien, cuando vamos a conocer una ciudad o lugar –mi mujer y yo- solemos hacer que el día cunda lo mas posible. Nos levantamos temprano y después del desayuno salimos a patear la ciudad. Eso hicimos el día siete, aunque a consecuencia de alguna llamada del trabajo desde España ese día salimos un poquito mas tarde, concretamente a las 9.30 hora local de Londres.
Nos dirigimos a coger el metro en la estación de Notting Hill Gate, muy cerca de nuestro hotel y notamos algo extraño: un excesivo numero de personas en las paradas de autobús. Al llegar al metro, éste estaba cerrado. Extrañados nos dirigimos a otra estación relativamente cercana en la misma avenida Bayswater, Kensigton Garden y Hyde Park. Durante el trayecto una chica joven hablaba por su teléfono móvil y en un momento escuché claramente una frase casi gritada: ¡Oh my god!. Me sorprendió sobre todo el tono y le comenté a mi mujer que algo gordo había pasado, tal vez un atentado. Ella me dijo que estaba paranoico. Que le habría pasado algo a ella o a su familia, pero que por qué iba a ser un atentado. En la siguiente estación de metro se arremolinaba la gente y los empleados habían dispuesto un cartel escrito a mano en el que se decía que existía un fallo masivo de potencia y que se cerraban todas las líneas. Extraño, muy extraño.
Como era imposible usar medios de trasporte, decidimos cruzar los jardines de Kensigton y dirigirnos al museo de Historia Natural, detrás del Royal Albert Hall. Durante el paseo por Kensington las sirenas de policía y ambulancias se oían sin parar. Una vez en el museo comenzamos a recibir mensajes SMS desde España preguntando por nuestro estado. Encerrados en el museo, se cerró por dos horas sin posibilidades de salir ni entrar- si había un terrorista cascaba allí mismo con todos- nos enteramos en conversaciones de pasillo de los cuatro atentados.
Después de salir del museo fuimos andando hasta Picadilly, está bastante lejos, porque, como buen friki quería entrar en Forbidden Planet que está un poco, bastante, mas allá.
En el camino me di cuenta que los ingleses son de otra pasta. A primera hora de la tarde todos salían de su trabajo como si tal cosa. Compraban el periódico vespertino, el Evening Standard –que por supuesto yo también adquirí- e iban andando a sus casas. Muchos comercios cerraban antes de tiempo, pero aparte de eso, y de las largas caminatas, no se notaba nada diferente. La sensación era de total normalidad. Como diciendo: ¿a mí me vas a asustar con una bomba? Ni de coña.
Y esa sensación se mantuvo los días posteriores. Las autoridades se mantenían en sus informaciones de que todavía no sabían nada y estaban investigando y los ciudadanos confiaban en esas respuestas.
Nada que ver con los comportamientos de otros gobiernos en similares casos.
Desde aquí mi respeto por la actitud del pueblo inglés.
Sencillamente: son unos caballeros, o damas.
© Alfonso Merelo 2005

A primera oeeee. A primera oeeeeee

A primera oeeee. A primera oeeeeee No he podido con la tensión.
Casi me da el telele.
La verdad es que ni siquiera he visto el plus. No me he atrevido. Y mira que no soy futbolero,por lo que no tendría que agobiarme. Pues con el Cai es que no hay manera, porque cosas que no se pueden pasar por alto.
Uno está fuera de su tierra, aunque ésta que me acogió también lo es, y desde luego el que un equipo con una afición tan genial. Porque el Cádiz tiene algo que lo hace simpático a los demás. Será su afición, será la gracia, no se que será pero es.
Que agobio.
Que agonía.
Y el sieso del arbitro que no pitaba el final.
Y al final pitó. Y se ganó con dos c...ero a favor.
Y la gente se volvió loca. Y no hubo problemas de los que vaticinaban los siesos agoreros. Los jerezanos se han portado. Han sido unos señores aplaudiendo al equipo amarillo.
Y los cadistas unos señores al aplaudir tambien al equipo jerezano. Rivales si pero no enemigos.
Y encima campeones de segunda.
Mucho Celta, mucho Eibar, mucho Alavés en las cadenas nacionales, como diciendo ¡Estos del norte son los que tinen que ganar! Pues que le vamos a hacer. Campeones de segunda. Con dos güitos.
Pues ahora a divertirse. A ganarle a los grandes como hace años y a estrenar el nuevo Carranza.
ESE PEASO CADI OEEEEEEEEEEEE

Nota:
Estos dos enlaces sobre el Cádiz son imprescindibles. Ambos del maestro Rafael Marín.
TORRE Y LOS NERVIOS DEL ASCENSO A PRIMERA (otro cuento minimalista)

ESE CADI OÉ (otro cuento minimalista de Torre y ese Cadi en primera)