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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2003.
Resumen
 En Babel 17, Samuel R. Delany nos describía la odisea de Rydra Wong en su intento de descifrar el lenguaje de Babel-17, ya que sin este entendimiento la amenaza de los Invasores no podrá ser detenida. Delany nos muestra, o lo intenta, lo esencial del lenguaje, no sólo a nivel de entendimiento, sino incluso para demostrar que lo que no podemos expresar mediante la comunicación del lenguaje ni siquiera somos capaces de pensar o soñar en su existencia. Y esto viene a cuento por la terrible consecuencia que puede traer una mala interpretación o inadecuada comunicación entre los pueblos. El horroroso suceso de este fin de semana, la muerte de siete soldados cerca de Bagdad, ha demostrado que el lenguaje reinterpreta la realidad. Parto de la base de que ningún bien nacido puede alegrarse de la muerte de siete personas y que debemos repudiar este tipo de crímenes que son de por si execrables, como todas las muertes intencionadas por supuesto. Pero el lenguaje, la forma de expresar un mismo suceso, condiciona muy mucho la respuesta de los oyentes. ¿Qué es lo que está ocurriendo en la comunicación poder – pueblo? ¿El mismo hecho puede ser comunicado, y por consecuencia, interpretado de diferente manera? Vamos a ver: España ¿ha ido a una guerra o no? ¿Las tropas se encuentran en Irak en funciones de ayuda humanitaria? En ese caso ¿Por qué los iraquíes no ven o se dan cuenta de esta realidad? O es que no hemos sabido comunicarlo bien, o es que lo que comunicamos se interpreta de diferente manera, o sencillamente hemos mentido. La dolorosa muerte, asesinato, de los siete españoles se ha considerado por parte del gobierno español como un acto terrorista. No dudo que pueda serlo, pero: ¿Irak no está invadido por otros países, entre ellos España? ¿Cómo se consideraba a los resistentes españoles en la guerra de la independencia, terroristas, o su equivalente en el siglo XIX? Probablemente para los franceses fueran terroristas, pero no para los españoles. ¿Podemos considerar, pues, un ataque terrorista la serie de atentados que se están dando en un país invadido, o tendremos que hablar de asesinatos de la resistencia? Y me preguntarán ¿Cuál es la sutil diferencia? ¿No son todos asesinatos? Pues sí, pero desde luego la diferencia está en la justificación del suceso desde cada punto de vista. Si consideramos que hemos invadido Irak: ¿No es entonces una forma de autodefensa? Por otra parte si no hemos invadido Irak: ¿Qué hacemos allí formando parte de una coalición invasora? Y en el caso de que esta última premisa sea cierta ¿Podemos decir que no somos combatientes? Me temo que para muchos iraquíes eso no es creíble, y que desgraciadamente pueda ocasionar muchas más víctimas de un lado y otro. ¿Qué podemos hacer? Pues no tengo la más mínima idea, porque dos no se ponen de acuerdo si uno no quiere, y mucho me temo que las posturas están tan encontradas y enconadas que la solución se hace cada mas complicada.
© Alfonso Merelo  En la pasada HispaCón de Getafe, este escribidor pronunció una conferencia sobre las ucronías en la literatura española. Para el que no lo sepa, ucronía es según el diccionario de la R.A.E. “la utopía aplicada a la historia; historia reconstruida lógicamente de tal modo que habría podido ser y no ha sido”, o sea, una especulación sobre lo que pudo ser y no fue. A nivel literario son innumerables las referencias ucrónicas de las que se disponen, pero ¿nunca se han preguntado en la vida cotidiana que hubiera pasado si yo hubiera…? Seguro que todos hemos dicho alguna vez, si hubiera dicho que no a aquel trabajo, si hubiera estudiado filología en vez de derecho o si hubiera seguido con aquella novieta ¿Qué hubiera sido de mí? Estas pequeñas cosas siempre me han recordado lo frágil que es nuestra vida lineal. Es decir, cómo pequeñas cosas pueden variar nuestras vidas de manera radical. Es evidente que no podemos saber como habrían sido, pero siempre nos queda el resquemor que podrían haber sido, si no mejor, sí, tal vez mas interesantes. ¿Por qué decidimos en un momento determinado tirar por un camino y no por otro? ¿Estamos predeterminados y todas nuestras elecciones son sólo las “gracias” de un miserable que se ríe de nosotros? Como no me creo esto del destino solo puedo colegir que siempre elegimos bien pero que luego nos parece mal. O sea que no estamos contentos porque nunca estamos satisfechos. Será que estamos genéticamente condicionados. Esto lo podemos aplicar a cualquier plano, desde cambiar finales de películas porque no nos gustaron, hasta fantasear con lo que ocurriría si nos tocara la lotería, aunque esto sea un futurible. Imaginemos cosas que no pasaron y que pudieron pasar y sus consecuencias: - Bush se atraganta con la galleta y se incapacita (no llego a desearle la muerte a nadie, no soy tan sieso). Tal vez la guerra no se hubiera realizado. - Sólo hay una película llamada Matrix. La de discusiones y cabreos que nos hubiéramos ahorrado. - Rosa gana Eurovisión. Fastos por todo lo alto durante meses en España. El PP se aprovecha y dice que somos el faro de occidente. Y nos lo hemos perdido… - Los Beatles no se separan. Mañana podríamos verlos tocando en directo en la plaza de toros sus 797 temas grabados desde el 70. Lennon canta Imagine con sus compañeros - Aznar no gana las elecciones en 1999. Siete familias no lloran en este momento. - Yo tengo 1.90, 80 kilos de peso y ojos azules. Soy George Clonney y no se que hago aquí escribiendo en lugar de estar ligando. Pues estas son unas pequeñas muestras de las que podemos fantasear. Es un ejercicio de lo más divertido e interesante. ©Alfonso Merelo  Hace unos días se “celebró”, si es que esto se pude celebrar, el día contra la violencia doméstica. En esta sociedad desquiciada en la que vivimos la violencia esta a flor de piel en todos. ¿Quién no se enfadada en un atasco o un adelantamiento indebido? ¿No se increpa al árbitro por que nuestro equipo pierde? En televisión todo el mundo grita, se insulta y airean los trapos sucios de unos y otros. Estos pequeños ejemplos nos dan muestra del grado de violencia y neurosis que estamos ejercitando todos contra todos. Hoy quiero hablar de un tipo de violencia sutil que se da mas frecuentemente de lo que pensamos u observamos. Esta violencia es casi lo que denominan los psicólogos violencia moral o psicológica y yo he venido a llamar ninguneo. El ninguneo no es mas que la actitud de ciertas personas hacia todas las demas, al criticar lo mal que se hacen las cosas. El buen ninguneador no es capaz de realizar las cosas que él critica, pero las combate ferozmente. Es mas, no es imprescindible que la persona haya realizado mal su tarea, simplemente basta con que la tarea esté en desacuerdo con el standard definido por el ninguneador. Este ninguneo se puede dar en cualquier actividad cotidiana, cocina, limpieza, conducción y así hasta todas las actividades que se nos ocurran. La actividad ninguneadora suele exacerbarse en ámbitos reducidos de convivencia. Por supuesto la familia es uno de ellos y aquí suelen ser ninguneados la pareja, los hijos y los hermanos entre sí. Pongamos un ejemplo práctico que arte el sutil arte del ninguneador: Supongamos un padre de familia que nunca ha cocinado o siquiera sabe hacerlo. Llega una tortilla de patatas a la mesa y comenta. - Está bien, pero a mi me gusta mas con la patata menos frita y que el huevo quede caldoso entre las patatas. Pero está bien, no te preocupes. La siguiente tortilla está ya hecha siguiendo las indicaciones del padre de familia que comenta - Está bien, pero a mi me gusta mas con la patata un poquito mas frita y que el huevo no esté tan caldoso. Estos comentarios demuestran que el cocinero jamás podrá hacer una trotilla a gusto del ninguneador. Si esto fuera todo, no habría ningún problema porque a fin de cuentas es sólo una tortilla y se puede optar por no hacerla o mandar a freir espárragos al esquisito gourmet come-tortillas. El problema puede venir cuando nunca se está de acuerdo con lo que hace el otro y, siguiendo con la cocina, quejarse continuamente de que al guiso le falta sal o le sobra, que la carne está poco hecha o mucho, que las croquetas está muy espesas o muy claras o que el chorizo que le has puesto a las lentejas no es el que a mi me gusta. Esta actitud prolongada en el espacio y el tiempo puede llegar a socavar moralmente al ninguneado, que puede llegar a pensar que es un inútil total. Si además extendemos la crítica a muchos aspectos de la actividad cotidiana la persona queda hecha unos zorros. El ninguneador no suele darse cuenta de lo que hace y le parece normal, es decir no considero que su actitud conlleve un afán de perseguir al ninguneado, sin embargo en su no intencionalidad radica su peligro. Esos acosos morales “involuntarios” minan la autoestima y producen efectos a la larga muy peligrosos, porque el ninguneado va a mirar con lupa cualquier comentario que se haga y verá, probablemente, fantasmas donde en muchos casos no los hay. El ninguneado sufre además de un desprecio de hecho, ya que lo que hace bien no es reconocido nunca. Si retomamos el caso del cocinero/a ¿cuantas veces se le dice a un ama de casa o amo: la comida está buenísima? Ninguna, o muy pocas, mientras que si por algún motivo no está a nuestro gusto siempre expresamos la protesta. Ninguneadores los hay en todos los ámbitos, pero creo que fundamentalmente se producen en el reducido espacio de la familia. Los miembros de las familias se ningunean unos a otros. Los hijos a los padres, los padres a los hijos, con la excusa de que es por tu bien, y las parejas entres sí o, dependiendo, uno sólo contra el otro. En el ámbito del trabajo el ninguneo se ha venido a denominar mobbing, y se está incluso legislando sobre él para evitarlo. En este si que se da el condicionante de intencionalidad, porque el acosado es atacado con saña y reiteradamente para desprestigiarlo y conseguir su destrucción moral. Por último recomendar que analicemos nuestros comportamientos, porque es probable que sin saberlo estemos ninguneando a alguien. Si usted es ninguneado, rebélese y no lo permita. No a la violencia sea en la forma que sea. © Alfonso Merelo  Así empezaba una canción de los payasos de la tele, o sea los Aragón en pleno. La canción no hace mas que reflejar un hecho que se repite machaconamente año tras año ¡otra vez es Navidad! O sea que estamos un año más viejos, probablemente más rellenitos y nos volvemos a reencontrar con las mismas secuencias que vivimos una y otra vez a lo largo de los años. Porque la Navidad es repetición, reiteración y aburrimiento. Por mucho espíritu festivo que se tenga, la misma sucesión de sucesos, valga la redundancia, terminan por resultar cansados. Nada se deja a la improvisación. Los grandes centros comerciales nos avasallan con su publicidad. Nos meten a los carteros reales, papas noeles, estrellas de oriente y esa fauna de trabajadores temporeros disfrazados de personajes de Flash Gordon en todas las secciones. Se nos ofrecen las mismas cosas que todos los años: pavos, turrones, cavas, hojaldrinas, mazapanes y un largo etc. de consumibles y fungibles varios, pero que siempre son los mismos. ¿Quién se resiste a tomar un polvorón en navidad? Nadie. Es época de consumismo máximo; el ochenta por ciento de los juguetes se venden en esta época y el noventa por ciento de los turrones y dulces navideños (salvedad de los puestos de turrón de ferias variadas, que en agosto, suponen un contraste excelente con el calor). La Navidad también conlleva varios escenarios riterativos, como ya he dicho. Estos son,, en esencia, los más típicos: - Comida de trabajo - Colocación del Belen y árbol de Navidad - Compras en el Hiper - Elaboración de la cena de Nochebuena - Cena y comida de Nochebuena y Navidad - Fiesta de fin de año - Reyes Magos En estos días pienso escribir una pequeña reflexión sobre cada uno de estos temas que envuelven la Navidad. © Alfonso Merelo  ¿Este año dónde vamos a ir a comer? Esta pregunta se la plantean muchos cuando se acerca la fecha navideña, porque los compañeros de trabajo suelen reunirse para compartir una comida o cena anual, que incluye a jefes y a casi todos los empleados a cargo. Esto, que podría ser una cosa sencilla, se torna cada vez mas complicada. Si paga la empresa, no hay problema, ya que el gorroneo está decidido de antemano y sólo resta aprovecharlo lo mas posible. El problema se vuelve interesante cuando son los propios compañeros los que organizan la comida. Generalmente esta función se delega en alguien, que acepta remiso. Alguien que durante unos días se transforma en foco de atención para el resto de la oficina. Preguntas tales como: ¿dónde vamos a ir? ¿qué vamos a comer? ¿Puedo llevar a mi señora?, transforman al pobre “voluntario” en blanco de la diversidad antagónica de sus compañeros. Porque ese es el quid de la cuestión: la diversidad. Si se propone un día concreto, a dos no les viene bien. Si se dice que cena, cinco dicen que comida. Si se dice que vamos fuera de la ciudad, cuatro, que coinciden con los de la cena, dicen que ellos no cogen el coche. En definitiva una serie de problemas que sufre el “organizador”. Una vez que el día y la hora se ha decidido, se debe llamar por teléfono a varios restaurantes o salones de comidas para ver si se pude disponer de mesa para la fecha. Como el proceso de negociación sobre la fecha ha sido árduo, resulta que estamos a día 10 y la comida es el 12, obviamente la mayoría de los lugares no disponen de plazas. Por fin se descubre un restaurante que tiene a su disposición sitio suficiente. Ha llamado previamente a 14 restaurantes, 12 salas de banquetes, 4 pizzerías, y 5 chinos y en todos le han dicho que no disponían de sitio, por tanto el “organizador” toma una decisión. Reserva mesa para 14 comensales. Ese es el peor error que se puede cometer, porque una vez concertado el local, Francisco, el de administración, que se acaba de enterar que hay comida dice: - ¿El Braseador Compulsivo? ¿Ahí vamos? Pues conmigo no cuentes, que una vez fui y me pusieron la carne medio cruda y después muy hecha. Nada, nada es una mierda. Ya tenemos lio. Unos dicen que si otros dicen que no, pero al final Francisco, el de administración, cede y consiente. El “organizador” respira por fín. La tranquilidad sólo dura hasta el momento en que se muestra el menú. ¿Gambas? Si en navidades las ponen congeladas. A mi no me gustan los espárragos. ¿Paté para untar?, yo prefiero chuletón, y así hasta el infinito. Se llega a un consenso de mínimos, no sin antes haberle prometido el mismo “organizador” a Charito que el le da sus espárragos y se los cambia por la “coqletas” de rape, que a ella no le gustan. El día está ya aquí. Con el permiso de los jefes se sale un pelín antes y todos se dirigen al Braseador Compulsivo, que naturalmente se situa en un lugar donde no hay aparcamientos. Llegados al restaurante, los primeros se relajan tomando unas cervecitas menos Jose Carlos, el de compras, que se pasa directamente al Rioja de marca. En esto suena el móvil. Es Carlos, el de inventario, que no sabe donde está. Después de explicarle por dónde puede acceder, aparece Begoña, que no pensaba venir pero que al final si puede porque le ha dejado los niños a sus suegra. Como la mesa está preparada para catorce, hay que hacer hueco, con lo que todos se estrechan mas si cabe, porque el sitio ya no era de por sí enorme. Han llegado todos. Comienza la comida. El camarero se muestra impotente para atender tantas peticiones a la vez. ¡Una Cerveza! ¡A mi una clarita pero con dos deditos sólo de casera! Jose Carlos sigue con el rioja de marca, ya lleva media botella y el camarero opta por dejarla a su lado. Al menos así se ahorrará el rellenar la copa cada cinco minutos. Llegan los entremeses. Comentario general: ¡Que poco jamón! Y además de pata negra nada, que el que tengo en mi casa si que es auténtico. Se continúa bebiendo, y cada vez que llega un plato nuevo el grado de insatisfacción va a aumentando. ¡Estos calamares son congelados! ¡La lechuga está muy verde! ¡Los taquitos de atún están fríos! El único que no dice nada es Jose Carlos que ya va por la segunda botella. El maitre se acerca para preguntar por lo platos principales. A Mari Cinti se le ocurre pedir carne en salsa, pero sin salsa. El maitre le contesta que la carne en salsa, como su propio nombre indica, tiene salsa y que no es posible quitarla, si bien dirá a la cocina que le pongan poca. Cuando llegan los platos a la mesa, Jose Carlos, que ya ha empezado la tercera botella, comenta que su carne asada está en su punto. Ya no dice mas y sigue comiendo y bebiendo. Debe ser el único al que le gusta el plato. Los que pidieron pescado en salsa verde opinan que la salsa está salada. Tal vez sea consecuencia de que el pescado es bacalao. Los que pidieron carne no se ponen de acuerdo; para unos está poco hecha y para otros muy pasada. El que no dice nada ni siquiera levanta su mirada de su plato es el “organizador”. Todas las quejas generales han pasado por él, y a grandes gritos ha tenido que soportar la humillación de Angel, que le ha espetado: ¡Si lo hubiera organizado yo, esto no habría pasado, porque conozco yo un sitio que…! (al margen habría que decir que nuestro organizador piensa: ¡por mis muertos que la próxima la va a organizar tu puta madre!) Lo pero está por llegar. Después de los postres, los cafés el cava y las copas, llega la hora de pagar a escote. ¿Quién recibirá el aporte de cada comensal? Evidentemente el “organizador”. Ya que estamos pues que haga la faena completa. De momento el cubierto sale a 40 euros en vez de a 30 que era lo pactado. Grandes voces hablan de estafa y de timo. El “organizador” que ya sabía lo que iba a pasar, habla con voz cortada de lo que se ha consumido aparte del menú y que consiste en: 4 botellas de rioja de reserva del 94, tres platos mas de jamón y 4 de caña de lomo, un plato de venado, porque Mari Cinti devolvió su carne en salsa porque no le gustaba, tres helados mas que Gloria es muy chuchera, 12 güiskis Cardús, 4 "caféses" irlandeses, dos puros, y cuatro paquetes de tabaco. Total 10 euros mas por persona. Después de airadas protestas, el personal paga y se deja propina, porque eran 39,75 lo que correspondía a cada uno y se han pedido 40. Este intento de “propinar”, es coartado por Rafael que dice que de propina nada, que se emplee de fondo para copas posteriores. ¡Claro que sí. 3 euros con setenta y cinco para copas! Todo un capital. La reunión se levanta. El “organizador” se despide de los camareros con la mirada gacha. Se acabó. Ahora de copas al pub mas cercano. El “organizador”, mira disimuladamente como se alejan sus compañeros y piensa: ¿Copas… y una leche? ¡A mi casa, pero rapidito. Que les den por saco! © Alfonso Merelo  ¿Qué sería de una casa decente sin el Belén y/o árbol de Navidad? Cualquiera que visite estos días una casa ajena se dará cuenta que las tradiciones se cumplen a rajatabla. El nacimiento, o siquiera el Belén, y el árbol de Navidad ocupan un lugar destacado en todas las casas que se precien de celebrar estas fiestas. El caso es que a primeros de diciembre, generalmente después del puente de la Constitución, se comienza a adornar el salón con motivos alusivos a la Navidad. Estrellas, espumillón, velas, bolas de colorines o papas noeles variados ocupan mesas, librerías y otros lugares apropiados para “embellecer” las viviendas. El proceso que se sigue para la elaboración de tan efímeras construcciones suele seguir unas pautas determinas que difieren muy poco entre unas viviendas y otras. Generalmente se suele elegir un fin de semana para tan bello entretenimiento. Al grito del padre o de la madre de: ¡niños vamos a hacer el Belen!, las huestes productivas comienzan a movilizarse para conseguir que los adornos lleguen a buen fin. De momento nos encontramos con un problema de logística: ¿Dónde guardamos el año pasado los adornos? El padre recuerda que en lo alto de un armario. Por supuesto, cuando se va a mirar en ese armario las cajas no están. El susodicho progenitor pregunta: ¿María, no estaban aquí las figuritas? María responde que sí, pero que como hizo limpieza general en agosto, las cajas han cambiado de sitio y que cree que están en el trastero. El trastero suele ser un lugar de imposible entrada, ya que cajas y trastos de todas clases se acumulan sin ningun tipio de orden o coherencia en el reducido espacio disponible. Podemos encontrar una bicicleta al lado de una colchoneta inflable y esa caja de botellas de vino, que creías haberte bebido, junto al ordenador 8088 que abandonaste diez años atrás. Pero buscando con ahínco, los intrépidos “arqueólogos” encuentran las cajas de figuritas y adornos. Previamente se han pasado dos horas viendo lo que hay en el trastero. ¡Mira papá mis patines de ruedas alineadas!, ¡hay va... mi videojuego Atari!, me lo llevo. Consecuencia del redescubrimiento del trastero, se vuelve a casa con las cajas que se fueron a buscar, pero además con un pin-ball, al que le falta una pata, una caja de libros con novelas de a duro que hace mucho tiempo que no se hojean, la caja de vinos –picados por cierto-, y un disfraz cochambroso que ha localizado el pequeñín de la casa. El espectáculo al entrar en la casa es el de una caravana de mercaderes que va a instalar su tienda en medio de un oasis. A la madre, al ver lo que traen, se le cambia la cara. ¿Pero qué traéis? ¿Estáis locos? ¡No quiero mas mierdas en casa! El marido le contesta – Mujer es que hemos encontrado estas cosillas, en cuanto las veamos lo bajamos todo. La madre, que sabe que eso no va a suceder, se resigna diciendo –Pero no quiero esos trastos en medio, meterlos en la habitación de juegos. Subsanada esa eventualidad madrera, los esforzados buscadores de tesoros se disponen a instalar en primer lugar el Belén. Una vez esparcido todo el contenido de las cajas, esparcimiento que recuerda mucho a un campo de refugiados palestino, se comienza la ardua tarea de ubicar, mas o menos lógicamente, las figuritas, el portal y todo lo demás. Como siempre se es poco previsor, no se ha contado con el papel del fondo y con la base, de color verde u otro, donde disponer el Belén. Si es un sábado, el Hiper está abierto y se puede comprar lo que falta, pero si es domingo se recurre al nunca bien ponderado papel de embalaje, que lo mismo pude simular una montaña que un río si se pinta adecuadamente. La instalación en sí es teóricamente poco complicada. Las desavenencias surgen cuando el pequeño pretende colocar doscientos patos en el río, en el que sólo caben cinco, o situar el palacio de Poncio Pilatos en plena montaña de papel - al ser de papel, el palacio suele desplomarse y ahy que recurrir a la cinta adhesiva para sujetarlo- y, lo mas importante, en que secuencia se coloca la Virgen, el Niño, San José y los bichos que les acompañan. Esto último da igual porque el pequeño ya se irá encargando de moverlos de sitio, al mismo tiempo que acerca a los Reyes Magos hacia el pesebre. Durante la colocación, las rodajas de chorizo del bocadillo han ido cayendo encima del papel, lo que le da un bonito toque rojo sanguinoliento, que no pega mucho, porque estamos en la Natividad y no en la Pasión. Aunque siempre se puede decir que es el sacrificio de un pollo, que también contiene el Belén. Después de terminar el Belén, con el último rectoque de nieve en su forma harinosa, se procede, si ha lugar, a la intalación del árbol navideño. Este árbol puede ser de varios tamaños pero, dadas las casas actuales y a no ser que usted posea una mansión solariega, no sobrepasará en ningún caso los dos metros de altura, maceta incluida. Contamos con dos tipos de árbol, el abeto comparado en el hiper y el de plástico. Como ecológico no se cual de los dos lo es mas, si bien no cortas ningun árbol, el plástico contamina mucho. Lo único por lo que mejora el plástico al natural es su longevidad. Dura muuuchos años si se cuidad. La escena de la colocación es muy interesante en si misma, ya que el colocador de bolitas y otros adornos, generalmente el padre, subirá a un taburete o escalera, que nos proporciona el agradable componente circense navideño. El taburete, o la escalera, es muy posible -seguro- que esté descuadrado, con lo que nuestro arriesgado colocador debe mantener un precario equilibrio y no desplazarse lateralmente demasiado, debido al consiguiente riesgo de deslome al impactar contra el suelo despues de planear bellamente. Sin embargo, lo mas peligros es colocar las luces. Las lucecitas vienen dispuestas en ristras de una docena más o menos. Estas ristras acaban siempre retorcidas y resulta muy complicado el extenderlas en toda su longitud. Además cuando se hace la prueba de alumbrado, cual feria de Sevilla cutre, hay alguna que no enciende, o bien es la ristra completa la que no lo hace. Si se ha tenido la precaución de probarlas anteriormente, el defecto puede subsanarse fácilmente, pero si ya están colocadas la reparación se hace asaz difícil. En este último caso es muy probable que al enchufar las luces, el que la enchufe se lleve una descarga eléctrica y se produzca inmediatamente un apagón de toda la casa al sufrir la instalación un cortocircuito fulminante. Por fín se termina la tarea. El Belén y el árbol están ya listos. Sólo queda disfrutar del espectáculo. Del espectáculo y del último acto de esa tarde: la indignación de la madre al ver esparcido por doquier las cajas, los recortes y los espumillones sobrantes, porque siempre sobran, de la colocación. Pero la misión ha sido llevada a buen término con relativas pocas bajas. Ahora sólo queda que el pequeño modifique a su antojo el Belen, incorporando madelmanes o cliks de famóbil al conjunto, lo que le da un toque tecno interesantísimo, y que de vez en cuando se acerque alguien al árbol para comerse las horrorosas figuras del horroroso chocolate que de él penden. En enero se recogerá todo, pero esa es otra historia que no se si merecerá la pena contar. © Alfonso Merelo  No es que suela aparecer en los hipermercados de tamaña guisa, el título sólo hace referencia a una canción de Martirio, en la que se daba una visión muy interesante de lo que es una visita a un hiper. Esto viene a raiz de la inmensa cantidad de personal que en estas fechas y hasta el 5 de enero, luego vendrán las rebajas que esa es otra, acuden ansiosos a efectuar las compras, o lo que sea, de navidad a estos establecimientos. A estos grandes centros comerciales suele acudir la manada familiar completa. Los padres, toda su camada si esta es menor de 13 años, e incluso los abuelos si los hubiere. Cualquier día, preferentemente si es fin de semana, el padre o la madre deciden que se van al hiper, y todos se visten con ropa ligera, zapatillas deportivas, se enfundan las tarjetas de débito y crédito y se embuten en el automóvil, que si es “manovolumen” ya da un cuasi status de familia numerosa y con posibles. Todos van alegres y contentos durante el trayecto. Esta alegría dura exclusivamente hasta el momento en que se llega a la inmensa cola para acceder al centro comercial. Todos y cada uno de los habitantes de la ciudad han tenido la misma idea y, lo que es mas, han coincidido para ponerse de acuerdo en la misma hora. A las seis y media de la tarde el aparcamiento ya está colapsado y los pocos guardias de seguridad, trastocados en improvisados guardias urbanos, se vuelven neuróticos intentando dar un poco de orden al caos que se ha formado. Llegados a este extremo, cualquier persona medianamente inteligente da media vuelta y se va a otro sitio, las tiendas del centro sin ir mas lejos, que al menos te permiten pasear entre una y otra, o directamente se vuelve a casa. El homo-consumis aguanta, sin embargo, la cola y espera un hueco donde aposentar los neumáticos de su automóvil, que como lo compró para vacilar de tenerlo mas grande que el del vecino (observen las connotaciones freudianas del hecho), no cabe en ningún hueco. El Pater.-familias hecha ya espumarajos por la boca cuando observa al “sieso” del opel corsa, que ha llegado después que él, como aparca entre una fila de carritos y una gran papelera. Por fin, a cuatro kilómetros aproximadamente de la entrada del centro comercial, la feliz familia baja de su automóvil y se disponen a comenzar las compras navideñas. Han pasado ya dos horas desde que salieron de su domicilio, pero es igual: la ilusión la mantienen incólume. La entrada del centro está atestada de personas que intentan hacerse con un carrito de la compra sin éxito. Después de muchas vueltas consiguen que una amable señora les ceda su carrito a cambio de un euro, que es lo que se ha de introducir en la ranura para poder disfrutar del mismo (si se permite el excurso: otra connotación netamente sexual). Una vez situados dentro del hipermercado o centro comercial nuestra audaz familia, después de dar las vueltas de rigor por las calles apiladas de artículos, comprueba que la mitad de lo que viene a comprar no está y que la otra mitad se encuentra atestada de elementos guerrilleros que asaltan sin piedad las bien nutridas repisas. En una hora de estancia han conseguido comprar dos cajas de polvorones y dos botellas de coñac. Bien se cierto que a ninguno les gustan los polvorones, pero como no había hojaldrinas pues algo había que comprar. La siguiente parada es la sección de juguetes. Si la familia dispone de niños menores de 9 años, el problema de ocultar ese secreto a voces que se produce todos los 6 de enero, es de lo más difícil. Siempre se pilla alguna conversación comprometedora del tipo: ¿Qué quieres que te regale para el día de…? O pregunta del pequeñín: “Máma” ¿por qué la gente compra tantos juguetes si dentro de “na” vienen los Reyes? La respuesta socorrida es: será para cumpleaños. Con esos inconvenientes los avispados progenitores intentan hacerse una composición de lugar sobre lo que el hijito desearía que los Reyes le trajeran. Esto es también imposible ya que el tierno infante cambia de opinión cada 5 minutos. En realidad le gustaría que le trajesen todos y cada uno de los juguetes expuestos. De hecho, se han dado casos en que en la carta a los Reyes alguien ha pedido el Corte Inglés entero. Y no se trataba de una OPA hostil. Una vez terminado el amago de compra, las criaturitas piensan que ha llegado el momento de merendar, y dada la hora que es, mejor cenar. Esto implica meter el carrito con las compras dentro de, claro está, una hamburguesería. No se van a recorrer los 4 kilómetros hasta el coche para dejar las cosas. Así que nuestros aguerridos compradores, penetran en una de esas multinacionales de la comida basura, para deglutir, porque de degustar nada de nada, unos trozos de algo que se parece a la carne con un pan que se parece al pan sólo en el nombre. A dos de los niños no les gustan las hamburguesas, pero como en el menú infantil regalan un espantoso muñequito de la película de moda, lo piden para no comérselo. Si acaso se comerán las “papas” fritas, congeladas y asquerosas, que trae el menú. ¿No sería mejor comprarles directamente el consabido muñequito? Pero no, el consumo es así y así seguirá. La odisea llega a su fin. Nuestros protagonistas llegan a casa, cansados, fatigados, con hambre y sin compras. Pero como buen homo-consumis lo volverá a intentar a lo largo de las fiestas e infatigable al desaliento volverá a encontrarse en medio de la multitud tratando de encontrar ese pequeño regalo o delicattessen que le compense un poquito su monotonía vital © Alfonso Merelo Por motivos diversos no he podido hacer al serie de comentarios que especifiqué unos post atrás. Pero no quiero marcahrme del año 2003, es una tontería pero vaya, sin hacer unas pequeñas reflexiones a vuela pluma. Vamos con ellas. - Verguenza ajena sentí cuando los bomberos voluntarios que intentaron viajar a Iran tuvieron que volverse por falta de vuelos. Así que me cuenten ustedes ¿para qué demonios necesitamos un gobierno, si no es capaz de hacer lo que tiene que hacer? Indignos - Deseo que a ciertos políticos se les caigan los tegumentos varoniles, o femeniles, por lo chapuceros e incompetentes que resultan. - Deseo que el 2004 sea un año sin follones ni barbaridades en todo el mundo. - Deseo que los Reyes Magos cubran a todos los que esto lean de regalos sin par. - Deseo que los que esto lean sean consecuentes con la ética humana e intenten ayudar a alguien, aunque sea poquito. Entre todos tal vez lo consigamos. - Pido a quien corresponda que la sociedad y los que la representan sean mas humanos.Basta ya de insultar, denigrar, pisotear y putear al personal. ¡Que ya está bien! - Me gustaría que el personal entendiera quienes son los que están y que ya estaban y que se obra en consecuencia en marzo. - Para fin de año os pido prudencia y buenas maneras en los yantares y libares. Si os pasais despues no os quejeis. En definitiva me despido de ustedes hasta la próxima que sera seguramente el 2 de enero del nuevo año. Muchas alegrías para todos este año viejo, y como recomendación personal: leer uno o varios libros y no perderse las uvas del TVE, cuya locutora o naimadora será Carmen Sevilla. Será glorioso Un abarazo a todos y buenas tardes. 29/12/2003 13:30 #. No hay comentarios. Comentar.
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