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Resumen
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Puedes eliminar este artículo. ¡Que lo disfrutes! 05/11/2003 08:11 #. No hay comentarios. Comentar. Soy Alfonso Merelo, nacido en Cádiz a mediados del siglo pasado. Y de momento "yastá" 
Este soy yo 05/11/2003 08:16 #. No hay comentarios. Comentar.  Otro uno de noviembre ha pasado. Y una vez mas nos hemos visto invadidos por las costumbres venidas de mas allá del océano, o sea de Estados unidos de América. Sí, estoy hablando de Halloween, esa fiesta importada que, machaconamente, nos quieren imponer aunque no sepamos qué es ni nios importe. El culto a los difuntos ha sido muy desarrollado en España durante muchísimo timepo. El día uno de noviembre es declarado por la Iglesia Católica como día de todos los Santos y el día dos el de los difuntos. La tradición española es variopinta en este tipo de manifestaciones festivo-religiosa. A modo de panorámica podemos ver que el día dos los vivos vistan a los muertos en los cementerios, como forma de una tradición que se mantiene. El resto del año no se visita, pero el día uno y dos es de rigor hacer acto de presencia en los camposantos. Ese día la peregrinación da un aspecto vivo al lugar donde nada más que hay muerte y no existencia, valga la contradicción. El temor a la muerte se disipa cuando es compartido, de ahí que el ambiente festivo y colorido, flores etc, disuelvan ese miedo reverencial. Todos los Santos es también una fiesta, sobre todo gastronómica. Huesos de Santo, panellets, buñuelos, empanadas en Galicia y dulces de todas clases hacen que este día resulte atractivo al menos gastronómicamente hablando. Supongo que es una manera de alejar los demonios- de hecho nos comemos los huesos de santo que, aunque sean de mazapán, simbólicamente representan el alejamiento de la muerte. Y en Cádiz, la ciudad mas extraña de occidente, se celebra la fiesta de los mercados. Si los norteamericanos se disfrazan de fantasmas, en Cádiz disfrazan a los pollos de granja por poner un ejemplo. Esta fiesta tan particular consiste en decorar los puestos de venta de los mercados de abastos con toda suerte de dioramas o escenas protagonizadas por los productos que se venden. Así se puede ver un estadio olímpico cuyos espectadores son boquerones, un partido de tenis protagonizado por dos cerdos de 200 kilos o una réplica de la catedral realizada con garbanzos. Una tradición que empezó hace muchos años y que se mantiene vigente hasta ahora. Y otra gran tradición es la representación de Don Juan Tenorio. Un clásico que no tiene absolutamente nada que envidiar a cualquier historia de terror foránea. ¿Freddy Crugger?, mucho mas terrorífico es la aparición del Comendador muerto Don Gonzalo de Ulloa (ya saben “Los muertos se han de filtrar por las pardes”). Y por otra parte dudo que Jason, o cualquiera de los iconos del terror actual, le duraran más de tres segundos al formidable espadachín Don Juan, aunque cayera derrotado por el capitán Centellas. Y si todo esto lo proporciona nuestra propia cultura: ¿por qué ese afán de importar una costumbre que ni nos va ni nos viene? ¿Por qué en los colegios se hacen este tipo de cosas invitando a los alumnos a disfrazarse? Afortunadamente para disfrazarnos ya están los carnavales. Huelva noviembre de 2003  Hace tiempo inicie un embrión de artículo, a raíz del tema de los prisioneros en Guantánamo, que pretendía ver como había tratado la ciencia ficción las formas de gobierno sobre todo el USA. En muchos relatos, películas o series, se ha aventurado la hipótesis de que los todopoderosos Estados Unidos de Norteamérica se comportan de una manera "fascista" y al margen de los derechos humanos. La ciencia ficción no tiene como misión el ser visionaria, es mas no debería de serlo, pero de vez en cuando se producen lamentables coincidencias que te hacen pensar si los autores o algunos de ellos tienen un don "sobrenatural" para predecir acontecimientos futuros. Aunque es evidente que los parecidos reales están muy alejados de lo que hemos visto atónitos en estos días, no lo es el comportamiento reflejado en estos relatos ficticios por parte del gobierno o de los militares USA, que a fin de cuentas y como justificación a su "honor militar" sólo reciben ordenes. Y por descontado las actitudes que vemos en los escenarios de ciencia ficción son sólo un pálido reflejo de lo que es la realidad. Si observamos el mundo, vemos que los escritores de CF ya se han anticipado a casi todo. En "Mercaderes de Espacio" de Frederick Pohl y C. M. Kornbluth las corporaciones y multinacionales de la publicidad deciden por encima de los gobiernos y ponen o quitan a su antojo. ¿Parece muy retorcido e improbable? Pues vamos a recordar el golpe de estado en Chile propiciado, entre otros, por la United Fruits & Company, o la reciente visita de Mariano Rajoy, el nuevo invicto líder de la derecha, a empresarios catalanes para “ver si evitamos que los rojo-separatistas-antiespañoles de Ezquerra gobiernen”. No se si lo habrá conseguido, pero si que da una idea de la importancia de los poderes fácticos en la política. En "El Hombre Estocástico" de Robert Silverberg, el gobierno USA, elegido democráticamente, como el alemán en el 32, se convierte en un estado dictatorial por el capricho de un presidente, Quinn, que convierte la democracia americana en un régimen esencialmente nazi. O tomemos el Cuento de la doncella, basado en la novela El cuento de la criada de Margaret Atwood, en el que el estado norteamericano deriva en una dictadura con base religiosa en la que, como siempre, el que detenta el poder hace y deshace a su conveniencia y sin encomendarse a las leyes que deben regir para los demás. Suele regir en este tipo de comportamientos el principio de todos somos iguales pero algunos somos mas iguales que otros. Otras historias nos cuentan como las actitudes de los ciudadanos en particular y de los gobiernos en general se van haciendo cada vez más irrespetuosos hacia lo que entendemos por democracia y civilización. Recordemos Robocop en la que los servicios policiales se encomiendan a la seguridad privada y las consecuencias que trae esta dejación de funciones. Si extrapolamos podemos llevarnos serios disgustos. Refiriéndonos al terreno hispano podemos encontrar que en la "Tierra Después" de G.H. White la civilización terrestre, una vez superada la fase de bienestar, se entrega al más absoluto desenfreno. El estado asume ésto y protege este peculiar sistema de vida falto de la más elemental ética. Y en el "Universo Corporativo" de Sánchez y Gallego el "régimen" no tiene el menor escrúpulo en usar a su antojo a los ciudadanos sin que el Estado se preocupe lo mas mínimo de sus individuos. El bien del Estado es superior al de uno de sus miembros, que bien mirado parece lógico salvo que tú seas ese individuo prescindible. El cambio de "régimen" hacia formas más restrictivas suele darse como consecuencia de un hecho traumático que acontece en la sociedad de referencia. En "Tropas del Espacio" de Heinlein es el ataque de los bichos a la Tierra lo que provoca que el gobierno mundial cambie a una dictadura militar en la que sólo los soldados tienen la ciudadanía plena. En "La Muerte de la Hierba" de Cristopher Priest es un virus que destruye las cosechas el que obra el cambio. El gobierno inglés toma decisiones que son incompatibles con lo que consideraríamos civilizado, aunque están totalmente conformes con lo que se nos cuenta. Así pues, encontramos multitud de panoramas que nos muestran diversos grados de ataque por parte del "estado" a sus ciudadanos o a otros países o mundos. Muchas de las historias desarrolladas por escritores norteamericanos suelen contener lo que se puede denominar "apología del sistema". No es el sistema el malo sino algunos individuos aislados del sistema los que lo corrompen. No es el entramado burocrático o el bussines-power el que produce estos efectos perniciosos sobre los individuos, son individuos desarraigados los que atacan la sociedad y por tanto el sistema es bueno, aunque en algunos casos haya que ser corregido. Es bien palpable la defensa a ultranza del sistema en los comics norteamericanos de superhéroes: cuando el Capitán América por ejemplo, estandarte superheroico y patriotero de Marvel, se enfrenta al imperio secreto, curiosamente en pleno Watergate, no es permisible que el buen Capitán descubra que el jefe en la sombra es el propio Nixon. Se soluciona haciendo que la culpabilidad recaiga en un "alto funcionario" de Washington. Por tanto nos encontramos con todo tipo de justificaciones para defender lo "bueno", "honrado" y "decente" del sistema American Way of Life. Incluso en los escenarios utópicos más benévolos, como puedan ser las series Star Trek, encontramos enemigos que sólo son malos porque son distintos. Sí, los vulcanos son distintos pero piensan y se comportan de manera muy humana. Se van creando enemigos ficticios que lo son por el simple hecho de ser diferentes. Aunque esto no sería en sí malo ya que en cualquier historia en la que se ha dado un maniqueísmo bueno-malo, éste puede resultar útil para la narración en sí, dependiendo del fin que persiga el autor. Lo verdaderamente nauseabundo se produce en el momento en el que se intenta justificar un comportamiento, que es en sí reprobable, porque las consecuencias del mismo sólo la sufre el "malo". La serie que protagonizara Charles Bronson "el justiciero de la ciudad" es un claro ejemplo de justificación de la violencia cuando procede de un lado y la sufre el lado oscuro. La invasión de Afganistán por parte de los rusos fue mala, tan mala que los americanos enviaron a Rambo a solucionar los problemas. Pero hete ahí que diez años después los mismos que abominaban de la invasión, invadieron al pueblo que una vez decidieron salvar. Son los mismos talibanes, pero claro ya no es lo mismo. Los estados del primer mundo no intervinieron en Afganistán cuando las mujeres eran aplastadas por los salvajes talibanes, sólo se puso el grito en el cielo cuando se derribaron las estatuas de los budas, como si fueran más importantes que la vida de una sola mujer u hombre. Esto si que es ciencia-ficción y de la peor serie B. Noviembre 2003  Hay que ver lo parecido que puede ser el verano - y las vacaciones- a un relato de ciencia ficción. ¿Es posible que durante este periodo, las confluencias cósmicas y místicas nos transporten a un universo alternativo, donde nada es, ni remotamente, parecido a lo que estamos acostumbrados a ver? El mes de agosto suele ser el mes de vacaciones para la mayoría de los españolitos de pro que, generalmente, doran sus cuerpos, protegidos con mejunjes blanquecinos de factores diversos, en playas, piscinas y montañas. Se supone que las vacaciones deberían ser un periodo de descanso, que alejara, y relajara, a todos del supuesto estrés ocasionado por trabajar durante once meses. Pero curiosamente en las vacaciones lo que se propone casi nunca llega a realizarse. Miles de actividades, a cual mas estúpida, hacen que lo de descansar se convierta en una entelequia. Tomemos por ejemplo, una de las actividades que suele hacer un veraneante: acceder a un parque temático. Estos parques han proliferado en nuestro entorno como setas. Terra Mítica, Warner, Isla Mágica y otros muchos más se han incorporado al supuesto ocio de todos los españoles. Si se llega al parque en un día de calor, cosa consustancial con el mes de agosto, el supuesto divertimento se convierte en un viaje al punto más remoto e inhóspito del universo. La búsqueda de agua para aliviar los calores se asemeja a la odisea de los fremen en Arrakis, sobre todo por el costo de la misma. Además, y fijándose sólo un poquito, se pueden observar decenas de personajes extraterrestres de todo pelaje y condición. Y no me estoy refiriendo a los actores disfrazados de Piolín o del Pato Lucas, sino a los visitantes que llenan ese parque. ¡Se ve cada cosa! Sólo por ese motivo merece la pena pagar la entrada. Se pueden observar señoras que, indudablemente acuciadas por “la caló” y sin el mas mínimo recato, se despojan de basquines y enaguas, mostrando sus dudosos encantos; o señores que quedan en calzones, después de haber pasado por el refrescante baño de la fuente, en la que, casualmente, está prohibido bañarse. Realmente el espectáculo resulta tremendamente divertido, a pesar de su patetismo. En la película Freaks es posible contemplar un remedo aproximado de estos impresionantes cuadros humanos. Pero no todo el veraneo puede consistir en estas visitas, ya que todo veraneante que se precie de serlo ha de acudir alguna vez a la playa. Ahí es donde se aprecia de manera inequívoca que estamos en un mundo de fantasía y ciencia ficción. A la playa se puede acudir de varias maneras. Supongamos que contemplamos el fenómeno que se denomina “dominguero”. Este fenómeno resulta digno de un estudio sociológico comparable al efectuado en Los desposeídos. El dominguero pertenece a una de las especies que con más solera y carácter que se ha venido desarrollando en nuestro ecosistema. El dominguero, y su familia, son una tribu urbana de lo más pintoresca que contiene cualidades dignas de especie a proteger. Obviamente se trata de seres de otro mundo de visita en el nuestro. Suelen llegar a la playa con la sombrilla, la mesa, el flotador, la nevera, doce sillas, la tortilla y el transistor . Al observarlos, se puede fácilmente deducir que es muy posible que el mirón haya cruzado un puente Einstein-Roseem-Podenski - ese que sale en Sliders-, ya que de su observación se infiere que sus hábitos, modos y costumbres, son radicalmente diferentes a los de la especie humana. El playero-dominguero se suele rodear de una variada fauna, su manada, consistente en varios niños, una mujer -la propia-, algún que otro cuñado o cuñada y, en algunos casos, de la suegra , del suegro o de ambos. También es posible la inclusión de algún o varios hermanos y hermanas -este último añadido facilita un rato de sano jolgorio al observar la continuas trifulcas entre el macho dominante y su hembra a cuenta de éste hermano-hermana-. El manual del autoestopista galáctico recomienda huir de este tipo de seres, puesto que de alguna manera afectan terriblemente al microclima local y a la propia seguridad personal del bañista. Si se es un buen observador se verá que no sólo el dominguero es una de las faunas alienígenas que se encuentran en la playa. Está también el caso de los clones. Porque en la playa hay clones, clones de otros, pero clones a fin de cuentas. Esos cuerpos perfectos tanto de varones como de hembras no son naturales. Seguro. Tienen que haber sido diseñados por ingeniería genética, o miles de horas de quirófano. El mirón playero observará la excelente calidad de la raza hispana, europea o mundial. Es evidente que se hicieron experimentos genéticos hace unos veinte años para mejorar la raza, porque lo que se puede observar en algunos casos es propio de la genética del año 3000 y no de la actual. Desgraciadamente también se encuentran otros tipos que parecen directamente sacados de La isla del Doctor Moreau. El choque visual es muy impactante. Es seguro que ese panorama recordará, al avispado, el escenario de la taberna de ola Guerra de las galaxias. Gracias habrá que darle a alguien de que no suela haber espejos en la playa, porque el resultado de la propia observación suele ser del segundo tipo; el del Doctor Moreau. La raza de playero veraneante, en cualquiera de sus modalidades: dominguero, voyeur o chulo-piscinas (esto es, el clónico musculitos), no puede obviar un ritual imprescindible: es inherente a la condición antedicha, la de veraneante, acercarse a cualquiera de los miles de chiringuitos que se ubican en las localidades costeras, al lado justo del mar. El llegar allí supone primero una travesía por el desierto de arena caliente, quemándose los pies, si no se ha tenido la precaución de calzarse alguna de las espantosas chanclas que todos usan en verano. Una vez que se consigue llegar al chiringuito se produce lo que se denomina incompatibilidad del protocolo de comunicaciones. Los niños, que seguro que están, piden cosas extrañas que resultan incomprensibles. Refrescos inverosímiles que recuerdan bebidas que se han visto en las películas, pero que en ninguna de las más terribles pesadillas se atrevería uno a probar. El problema se agudiza cuando el espécimen de “homus-chiringuitus” se convierte en degustador y se decide a pedir algo de picar. La comida de chiringuito es casi igual a la que usan los astronautas en sus misiones: no recuerda para nada el aspecto o sabor de lo pedido. Si tomamos por ejemplo un pincho de tortilla -en la modalidad terrestre la tortilla es cocinada con huevo, patatas fritas y aceite de oliva- es seguro que ésta sabrá a sardina, exactamente igual que el filetito de lomo, que recordará en su sabor al pescado que ha sido asado a su lado. Es decir la comida de chiringuito es similar al Soylent Green de la película del mismo nombre (a este respecto sería lo mismo acudir a una de esas hamburgueserías de nombre escocés). Además, cuando se va a pagar, se comprueba que el mundo de Mercaderes del espacio está aquí mismo. Después de haber vivido esta intensa aventura se puede optar por volver a acercarse a la orilla de la playa. Como ha pasado un rato, el gentío habrá aumentado y, por tanto, el escenario de Hagan sitio, hagan sitio se vuelve real y tangible. ¡Cuanta gente! Es imposible encontrar un centímetro cuadrado de arena disponible. Así que el único recurso consiste en abandonar la playa para dirigirse a casa, al hotel o al apartamento. Allí, después de comer, se puede optar por la tan patria siesta. Ésta resultará imposible si el veraneante dispone de uno o varios críos gritones que, increparán a sus progenitores al grito de ¡me aburro! En estos caso se recuerdan las increíbles posibilidades que se expresaban en la película Edicto siglo XXI, prohibido tener hijos. Pero la tarde ha llegado. El veraneante paseará por la ciudad o pueblecito que ha elegido para su solaz y, si ha tenido mala suerte en el chiringuito, ¡que la habrá tenido!, puede ser que le acucie una necesidad fisiológica imperativa. La salmonelosis ha efectuado su aparición. ¿Cómo es posible? Pues lo es; ¿qué se esperaba, el universo de Star Trek, tan aséptico él? Sólo habrá que recordar la novela El rebaño ciego, para poder apreciar en toda su integridad lo que se le ha caído encima. Generalmente, después de tres días se ha sobrevivido a las perniciosas acciones de la bacteria. Estos tres días se habrán pasado peregrinando del sofá al cuarto de baño y, si el veraneante es “intelectual”, leyendo los diversos periódicos de ámbito nacional o local. Bastará revisar la prensa del verano para darse cuenta que 1984 no queda tan lejos. Si por un casual el hotelito dispone de televisión veremos que nos hemos sumergido en el mundo de Incordie a Jack Barron con todas sus manifestaciones mediáticas. Una vez superado el trance colérico, nuestro protagonista veraneante volverá a sus costumbres caniculares. Queda poco para finalizar las vacaciones y hay que aprovecharlas al máximo. El paseo nocturno generalmente acaba en una heladería. Si el grupo que se acerca a la misma es nutrido, los dependientes de tan golosa institución seguramente usarán la máxima de: ¡pida usted lo que quiera que nosotros le serviremos lo que nos salga de los co..., o del co... según los casos! El veraneo se ha ido convirtiendo en unas Experiencias extremas, dentro de un horrible mundo propio de Philip K. Dick. Pero las vacaciones se acaban. Este año, encima, se vuelve al trabajo en lunes. Volvemos a cruzar el puente cuántico y nos reencontramos con nuestro mundo normal. Pero… ¡un momento! Algo ha cambiado. Este no es mi mundo. La televisión da buenas series y películas, España no ha invadido Iraq, Rajoy, después de unas elecciones internas en El PP, sucederá a Aznar. ¡Socorro! ¡Que alguien me ayude! ¡Quiero volver!; o mejor no. Me quedo aquí.
Chiclana de la Frontera, agosto de 2003
Nota 1. Tomado directamente de la chirigota Los Cruzados Mágicos, Cádiz 1982  Ya ha terminado la trilogía de Matrix. Pues vale, pues bueno, pues me alegro. Y me alegro porque las tomaduras de pelo ya me resultan muy caras de tragar, entre otras cosas porque cada vez me queda menos pelo que me puedan tomar, y el escaso que tengo lo reservo para tiempos mejores. ¿Es Matrix una tomadura de pelo? ¿Es Matrix (el “jodío” corrector de estilo de Word me la cambia continuamente por Matriz) la mejor trilogía de ciencia ficción de todos los tiempos? “Mas” quisiera ella. Disfruté con la primera película, porque he de reconocer que hacía años que no veía una película de “kun-fú” tan espectacular, sin embargo me aburrí con Matrix recargada, porque realmente estaba recargada de barroquismo insensato, y por último la Matrix revolucionaria me dejó así como con la boca abierta y cara de lelo preguntándome: ¿será posible? Y me pregunto: ¿por qué rayos no disfruto de una(s) película(s) que tiene una estética visual impecable, unos FX de lujo, y unas actrices de toma pan y moja (los actores también, pero de momento no me van)? Pues va a ser por eso. Los bombones me encantan y las bonitas cajas y envoltorios son estéticamente impecables y te entran por los ojos. El problema está cuando abres el envoltorio y te rompes un diente al morder una piedra. Ese es el dilema, que diría aquel, que todo es envoltorio, oropel y preciosismo, porque cuando abres la caja lo que te encuentras es un ladrillo. Estamos viajando, y me temo que sin vuelta atrás, hacia el mundo “fashion” de lo bonito de la muerte. Todo es estética: los cuerpos de gimnasio y pastillas, los muebles de diseño vanguardista, las casas con balcones orientados al suroeste, los electrodomésticos con colores preciosos que hacen juego con las cortinas, los programas de televisión con unas azafatas que seguro que son androides o los políticos que cuidan sobre todo las formas. Opino que las formas son importantes, que duda cabe, pero ¿de que vale un cuerpo 10, si eres un cabrón, o cabrona? Si no te puedes sentar en una silla cómodamente ¿para que compras la misma por mucho diseño que tenga? ¿De que sirve una casa muy bonita, pero mal hecha y sin accesos decentes? Y tu cocina rosa ¿puedes cocinar en ella? Cuando comes en un burguer multinacional ¿por qué te envuelven la hamburguesa en una caja de colorines y te dan las figuritas de Disney? Es de suponer que para que no degustes la bazofia que te ofrecen. Por no hablar de los políticos que si que cuidan la estética, no todos porque hay algunos que ni eso, pero olvidan la ética. Creo sinceramente que la estética está acabando con el contenido, y en el caso de la ciencia ficción es una vieja polémica entre los estudiosos y fans – la forma contra fondo-, de casi todo lo que nos rodea. Anuncios, películas, objetos, todo se vende o se promociona en función de su preciosismo y no por su función o interés real. Recuerdo el anuncio patético de un cretino que deja sonar su estúpido móvil en un ascensor hasta que la pasajera que va al lado lo mira. Entonces, y sólo entonces, lo descuelga. En este caso no se está vendiendo un móvil por lo que es, un trasto para hablar, sino por lo bonito que suena la polifónica melodía, con lo que estamos tergiversando el mensaje. Y la verdad no lo entiendo. Pero volviendo a Matriz (esta vez le doy gusto al Word), sólo apuntar que como producto de consumo funciona perfectamente, y así como la primera tenía ciertas ideas interesantes, aunque no originales, sus continuaciones divagan en el limbo del comercialismo mas salvaje. De momento dudo en ver el señor de los anillos, por lo que pueda pasar, aunque aquí partamos de una historia ya escrita y cerrada. Pero… dudo, dudo. © Alfonso Merelo  El Terror y la ciencia ficción: ¿constituyen una pareja de hecho o de derecho? ¿Es un matrimonio bien avenido, o se llevan fatal? Muchas películas y novelas han coqueteado con éstos dos géneros simultáneamente, lo que plantea el dilema de encuadrar el género al que pertenecen. Es muy posible que este deseo de encorsetar sea absolutamente inútil, pero es tangible y palpable que se hace. ¿Por qué esa manía de encasillar todo? Tal vez porque el hombre moderno, sin tiempo para casi nada, necesita saber de un único vistazo que es lo que mas o menos va a encontrar en un producto, privándose del placer de descubrir por si mismo lo que es, o lo que él considera que es. Pare efectuar esta taxonomía instantánea debe de de existir algún tipo de patrón común y disociador que ponga a cada cual en su sitio. En definitiva: ¿con que criterios diferenciamos los dos géneros? Desde mi punto de vista pienso que la diferenciación es posible, aunque de una manera tal vez no demasiado clara, pero meridianamente transparente. La diferencia puede ser sutil en algunos casos, pero creo que se puede llegar a establecer unos parámetros que hagan que la balanza se incline hacia uno u otro género. Veamos un ejemplo de posible mezcolanza entre géneros. Este ejemplo paradigmático es Alien, el octavo pasajero, película por todos conocida y de reciente revisión en lo que se denomina un director cut´s. Al hilo diré que estas revisiones, de las que un día de estos hablaré, deberían estar prohibidas. Alien es una película que produce miedo, susto, o canguelo en algunas o muchas de sus secuencias. Podríamos pensar que estamos ante un claro exponente de película de terror. Su propósito, el propósito de todo relato o film de terror, es provocar una reacción de pánico en el lector o espectador, y resulta evidente que la película produce este efecto. Sin embargo: ¿qué es lo que hace que el espectador la clasifique como film de ciencia ficción? ¿La nave espacial? ¿Que transcurra en futuro? ¿Que aparezcan astronautas y androides? Esa no puede ser la clave para su inclusión o no dentro de un género, porque de asumir estas claves para identificar la película, La guerra de las galaxias sería una película del género de caballerías. Entonces ¿qué es lo que separa realmente un género de otro? Veamos si podemos resolver el reto. Primeramente deberíamos de pensar que el protagonista, el bicho alien, es el que produce los sobresaltos a la sufrida tripulación. Aquí estamos ante un ser cuya esencia es la supervivencia y la maldad, ésta última según nuestro parámetros y no los del alien. Es cierto que el alienígena es un ser ficticio como lo puede ser un vampiro o un hombre lobo. Pero su irrealidad entra dentro de los parámetros de lo “posible”, ya que es un ser medible, cuantificable y al que la ciencia del futuro es capaz de analizar. Estamos ante una criatura extraterrestre, maligna, pero que en su misma esencia es un predador “natural”, dentro del contexto de la historia, lo que le hace diferente de otros mitos del terror. Éstos últimos, vampiros sin ir más lejos, no tienen ningún tipo de explicación “científica” por mucho que nos empeñemos. Son mitos fantásticos y no científicos. Por tanto su clasificación no puede entrar dentro de la ciencia ficción. Alien contiene la esencia cualitativa de la maldad, como ya he dicho, y esta cualidad puede ser atribuida a otros muchos seres reales y no por ello consideramos que la película o relato sea de terror. Tomemos como referencia la película Cuando ruge la marabunta: como protagonistas tenemos a un bichito, hormiga, que cuando acude en formación es tan terrible o mas que el susodicho alien. A nadie se le ha ocurrido pensar que esta película sea de terror y sin embargo produce miedo. Llegados a este extremo, habría que preguntarse si todo lo que produce miedo o terror, al ser desarrollado como premisa en un relato lo convierte automáticamente en candidato para su encasillamiento dentro del género de terror. Ejemplos puede haber unos cuantos como por ejemplo todas las películas de psicokillers, no fantásticos, que dan mucho miedo pero no se clasifican dentro del género. Por tanto, la mezcla de los géneros terror-ciencia ficción: ¿produce un híbrido de género? En el caso de Alien, o similares: ¿nos inclinamos a considerar que es ciencia ficción o terror? Particularmente creo que sería más adecuado el segundo de los términos para definir su género. Aún pensando que la inclinación de la balanza se produce por el hecho de que exista una explicación científica para los sucesos terroríficos, este tipo de películas producen una hibridación que deberíamos denominar de otra manera. Como mero apunte propongo el término ficciterror Es una palabreja horrorosa pero a falta de pan, buenas son tortas. Terrific, que me gusta mucho más, tiene copyright de El Tricicle y no me la puedo apropiar.
Como exponente de películas de ficciterror, ahí va una muestra:
Alien, el octavo pasajero Ridley Scott (1979) (Bicho desagradable, intertextualizado a partir de Terror en el espacio y El viaje del Begle espacial de Van Vogt) El experimento del Dr. Quatermass. Val Guest (1955) (mutación de astronauta, remake cinematográfico de la serie de la BBC) It The Terror from Beyond Space. Edward L. Cahn (1958) (Otro bicho ) Pánico en el Transiberiano. Eugenio Martín (1972). (Invasor alien) Planeta sangriento. Curtis Harrington (1969) (Vampiro en el espacio) Terror en el espacio. Mario Bava (1966) (Lo mismo que Alien, pero varios años antes)
© Alfonso Merelo 2003
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