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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2004.
 Hace tiempo que no escribo en este blog. Unos 4 meses. Actividades variadas me lo han impedido, pero ya que he vuelto de vacaciones, hago proposito de enmienda y espero hacer mas comentarios en este blog. ¿Qué mejor inicio que describir la sensación horrorosa de volver a trabajar? Hay personas que parece que les gusta trabajar. A mi no. A mi no me gusta tener que trabajar para comer, ni tan siquiera para beber. Me gustaría simplemente no trabajar, y eso que mi trabajo me gusta, bueno la verad es que no, no me gusta nada. Por eso, el volver de vacaciones es absolutamente traumático. Suena el despertador a las siete de la mañana, cuando mi cuerpo ha tenido un mes para acostumbrarse a levantarse tarde.(menos mal que las olimpiadas este año eran en Atenas con horarios racionales). Llego al trabajo y todos me preguntan: ¿que tal las vacaciones?, a lo que siempre respondo: cortas. Los besos y apretones de manos se repiten a lo largo de la mañana, como si de verdad les importara que volver o no a verte. A las 12 ya estaba frenético. Por supuesto mientras que he faltado nadie ha realizado mi trabajo. Los papelotes se amontonan en mi mesa. Así que he decido hoy tirar por la puerta del medio. He metido todo en un cajón, tal y como me lo he encontrado. Así que he acabado de trabajar enseguida. Mis variados jefes se han enfadado. No se por qué, la verdad. Total el mes de agosto ya pasó,así que ¿para que tantas prisas? Lo que ha podido esperar un mes puede esperar otro y otro. Que malas son las vueltas al trabajo. A lo mejor no vuelvo. Me lo pensaré. O mejor, me vuelvo con la chica de la foto. (c) Alfonso Merelo setiembre 2004  Anteayer Telecinco estrenó una serie llamada Los 80. Como su nombre indica, el desarrollo de la misma se produce en la década de 1980. Concretamente a partir del día 22 de febrero de 1980, o sea un día antes del tristemente famoso Golpe de Estado protagonizado por un teniente coronel de la Guardia Civil. A parte de algunos detalles técnicos desastrosos- TVE no retransmitía en directo la votación de investidura de Calvo Sotelo- la serie no está mal. El ambiente parece creíble, los personajes son los que se pueden esperar en una teleserie, es decir personajes cuarentones protagonistas, adolescentes con sus problemas amorosos, y niños que siempre tiene que haberlos. Pero puesto que sólo se ha emitido un capítulo, aun es pronto para juzgar la efectividad de la serie y su adecuación o no a lo que fue esa década. Pero a lo que iba el título de este comentario es a lo supervalorada que está la nostalgia. Varias series de TV nos están contando como vivíamos antes. Nos lo cuentan a los que lo vivimos, y a los que no lo hicieron, en un patético intento de rememorar la máxima “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Tenemos “Aquellos maravillosos años” que nos retrotrae a la guerra de Vietnam que era en si maravillosa. Sí por las narices. Tambien en TVE nos bombardean con Cuéntame como pasó, con una visión muy sesgada de lo que fueron los 60-70. Esta series reflejan falsamente lo que fue, porque las cosas no fueron tal y como las pintan. Y probablemente ni siquiera lo hagan con idea de falsear la verdad, seguramente se hacen porque los recuerdos están falseados. La memoria se comporta de una manera curiosa. Recordamos lo que nos gustaría que hubiera sucedido peor no lo que sucedió en realidad. Stanislav Lem, en su excepcional novela Solaris, desarrolló magníficamente esta idea. Su personaje recuerda a su mujer tal y como le hubiera gustado que fuera, no tal como era. Eso, al materializarse en la realidad produce una esquizofrenia en el simulacro que sabe que no es lo que debería ser. Las series de este estilo hacen lo mismo. No es cuestión de detalles como el que observé la principio, es cuestión de reinterpretar malamente la realidad. No reconstruimos fielmente lo que paso, le damos un barniz, y a veces una recubrimiento completo, para reasaltar lo agradable y obviar lo desagradable. Y eso lo hacemos continuamente. Los que rondan los cuarenta, y mas allá, contamos una serie de batallitas, que no es que no fueran verdad, es que están sesgadas. ¿Quién no corrió delante de los grises, en el caso de que fueras rojo, claro? Yo lo hice, pero desde luego a doscientos metros de distancia con lo que el “peligro” era relativo. Hablamos de nuestras aventuras amorosa que recordamos con gran alegría. Puede que fueran ciertas, pero evidentemente no tanto como presumimos. Por eso este tipo de series tiene un peligro muy claro: creernos que fuimos los protagonistas de unos sucesos que en realidad estuvieron muy alejados de lo que fueron. La nostalgia, en estos casos, no cumple una función evocadora. Esta falsa nostalgia hace que nos sumerjamos en un ensueño artificial que nos aleja de la realidad para introducirnos en una máquina del tiempo que nos muestra sólo lo que queremos. Pro eso deberíamos tomarnos este tipo de cosas, no como una añoranza de tiempos pasados, sino como un acicate para ver lo limitados que éramos. Hay que tirar hacia el futuro y no mirar al pasado aunque, parafraseando a Rodolfo Martínez, este pasado te devuelva la mirada. © Alfonso Merelo 2004  ¿Quién soy yo para juzgar a los que quieren vivir? Ramón Sampedro “Mar adentro” ha conseguido El León de Plata del festival de cine de Venecia, además, uno de su protagonistas, Javier Barden se alzaba con el premio al mejor actor, premio indudablemente merecido. No soy crítico cinematográfico, ni entendido en la materia, por lo que poco puedo opinar sobre la película, salvo decir que me gustó lo suficiente como para pasar dos horas atento a lo que veía y oía, y, teniendo en cuenta que estaba en la fila 5 de un cine de inmensa pantalla, supone un logro por parte de la película. De lo que si puedo opinar es de lo que sentí al ver lo que Amenábar tenía que contarnos. En realidad Amenábar sólo ha contado algo que ya sabíamos los que habíamos seguido la trayectoria de Ramón Sanpedro. La lucha de Sanpedro fue una lucha por la libertad. Una lucha por la dignidad y por los derechos que a todos nos asisten. Ramón, que se hace tremendamente cercano gracias al buen hacer del director, luchó los ventiseis años de la prisión de su cuerpo inútil porque se le liberara de tal cárcel. Parece que todos tenemos derecho a la vida pero no a la muerte propia. Sobre todo si esta ha de ser provocada por otros. La decisión de morir de Ramón puede parecer que sea un acto de cobardía, tal y como cuenta el personaje del cura en la película, y sin embargo no es mas que una reivindicación de la libertad y del sagrado derecho a la vida y, por qué no, al no ser. Nuestra sociedad es tan extraña, no se le puede denominar ni siquiera hipócrita, que tiene un miedo terrible a al muerte, que en realidad es una consecuencia de la vida. Como se cuenta, en boca de Ramón, los hombres nos inventamos una serie de recursos externos para que la muerte, la ausencia de ser, nos parezca mas soportable. Todas las religiones nos dicen que viviremos otra vida y que la muerte es sólo un pasito hacia el futuro. Cuando en realidad nadie tiene la capacidad de saber que pasa cuando desaparecemos. Probablemente porque desaparecemos para siempre jamás. Nadie ha vuelto nunca de la tumba para informarnos, al menos que yo sepa. La película nos hace reflexionar sobre una de las verdades indiscutibles del universo; la muerte. Y esta reflexión lo es también sobre la vida y sobre la calidad de vida. Este hombre no estaba dispuesto a no sentir, a no tocar, a no poder amar. Su única esperanza era cesar de ser y desaparecer. Para conseguirlo tuvo que servirse de trampas y artimañas, porque sus congéneres, la sociedad miedosa, no le permitieron que tuviera un final digno, controlado médicamente. ¿Es lícito que alguien que desea morir y no puede hacerlo sea ayudado por otra persona? Ese fue el debate que Sampedro estableció, debate que no consiguió llevar a término al morir su instigador y verse nuestro Tribunal Constitucional con una puerta abierta para no sentenciar. Véanla, será muy interesante. © Alfonso Merelo 2004  Hace unos meses me prometí a mi mismo no hablar mas de un personaje que me resultaba desagradable. Este peronajes era el presidente del Gobierno Español D. Jose María Aznar. Una vez dejado el cargo, no tenía sentido seguir escribiendo ni mal ni bien de él. Pero hete aquí que debe ser un personaje recurrente para mi, porque a sorpresa de todos, ha vuelto a las tribunas y mentideros internacionales a través de la conferencia que pronunció en la Universidad norteamericana donde lo han acogido como profesor invitado. Lo primero que destaca de su intervención es que pronucnión su conferencia en inglés. Y dirán ¿pero no está en EEUU, pues por qué no lo va a hacer como cortesía? No le niego la cortesía, ni la posibilidad de hacerlo, pero yo lo entendí. Y les aseguro que si yo lo entendí, dado mi nivel de comprensión hablada, no sabe hablar inglés o yo subitamente he adquirido el don de las lenguas. Pero esto no pasa de ser una mera anécdota y cada uno hace el ridículo como le da la gana. Lo verdaderamente interesante es que Jose María Aznar se ha revelado como uno de los mejores autores de ucronías de los últimos tiempos. Su primer vuelo como autor ucrónico no deja de ser un magnífico ejemplo de cómo se desperdician los talentos cómicos por la dichosa poítica. Como ya decía el agudo Antonio Rivas en una lista de las que soy asiduo:"Esto es un autor de ucronias, y no los aprendices como Dick o Roberts". Porque una de las bases del discurso de Aznar, don Jose María, consistía en la demoledora frase siguiente: “El problema de España con Al Qaeda empezó con la invasión de los moros y la reconquista". Impresionante. Ante este cúmulo de verdades indiscutibles ¿que se puede decir? Es imposible decir nada. Te quedas absolutamente boquiabierto y piensas: ¿cómo no se me habría ocurrido a mi? Si es el perfecto argumento de una novela de Tom Clancy. Veamos: Osama Ben Laden es un descendiente directo de Almanzor que, cuando entregó las llaves de Granada a los Reyes Católicos, hizo jurar a todos sus descendientes que vestirían chilba y acosarían al reino cristiano, que después se llamaría España, con todas sus fuerzas. Los años fueron pasando y los descendietnes se juramentaban de padres a hijos, para atacar a los españolitos (esta conjura fue conocida y aprovechada por Lee Falk y See Barry para crear a su personaje "The Phamton" El Hombre emmascarado). Cunado llegó la hora Ben Laden ordenó el ataque a España, y así sucedió. Si no fuera por las connotaciones del 11 de marzo, habría que reirse de tamaño argumento que mas parecería de un guionista de Hollywood. Pero lo pronunció un profesor de la reconocida Universidad Georgetown, lo que teóricamente le da un recubrimiento de verdad. No se lo que habrán dicho sus colegas de los departamentos de historia, pero a partir de ahora recomendaría a los alumnos que harían mejor matriculádose en cualquier otra, por ejemplo la de Berkeley, dado el nivelazo de los docentes que contrata Geogetown. Espero no tener que volver a hablar de este hombre, aunque si es por su faceta de cómico tal vez de mas juego. Alfonso Merelo 2004
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