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Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2014.

SPACE OPERA ESPAÑOLA.

SPACE OPERA ESPAÑOLA.

 Este número está dedicado a lo que denominamos Space Opera, Ópera espacial sería su traducción más o menos. Así que el espacio literario de Scifiworld está dedicado este mes en exclusiva a estas novelas o relatos dedicados a las batallitas espaciales. Porque, queridos lectores, en definitiva de eso se trata: de contemplar apabullantes escenarios que abarcan miles de mundos y millones actuantes.

 

La definición de Francisco J. Súñer Iglesias sobre space-opera dice así:

 

«La space-opera es, fundamentalmente, ciencia ficción de aventuras. No priman en ella las especulaciones más o menos incisivas, ni el rigor científico estricto, lo único que impera en la space-opera es la acción desbordada y en muchas ocasiones, como inevitable complemento, el humor en todas sus gradaciones».

 

El término space-opera lo sugirió por primera vez Wilson Tucker en 1941 —en un artículo del fanzine Le Zombie— para conceptuar un pujante subgénero en la ciencia ficción. El término, claramente despectivo, se usó en su momento por contraposición al de soap opera[1] muy en boga en esa época.

 

Bueno, pues una vez definida lo que es, más o menos, vamos a centrar este artículo en la space-opera de factura patria. Pero antes de centrarnos en lo de aquí, sería conveniente repasar algo de lo de allí para poder tener al menos una mejor perspectiva. Entre las obras mas conocidas podemos hablar de un iniciador como E. E. Smith con su serie Skylark y también Los Hombres Lente –que no son otra cosa que un antecedente del cuerpo Green Lanterns –. Jack Williamson con La Legión del EspacioLos tres mosqueteros pero con princesa espacial incorporada –.  Con Asimov –Las Fundaciones –, o Heienlein –Starship Troopers –  este subgénero se vuelve más creíble e importante al incorporar fundamentos científicos creíbles  sus obras. Más modernamente tenemos obras como la serie sobre La Cultura de Ian Banks, el universo de Hyperion de la pluma de Dan Symmons y la saga de Barrayar escrita por Lois McMaster Bujold. Actualmente la serie de Honor Harrington, escrita por David Weber, es una de las sagas space-opera, sección pulp, que mas éxito cosecha en el mercado mundial.

 

Pasemos a hablar de España en la que tenemos muchos ejemplos de esta afición por la space ópera. Ya se ha hablado en otro artículo de esta revista de La Saga de los Aznar detenidamente, que es seguro fue la primera del subgénero. Les recomiendo que le echen un vistazo porque es una curiosa y fantástica serie. Unos años mas tarde, en los 70 y dentro del mundo de los bolsilibros, Ángel Torres Quesada, firmando como A. Thorquent, desarrolla para Bruguera, y otras editoriales, su serie genérica titulada, a posteriori, El Orden Estelar. Se trata de un conjunto de novelas, 28 en total, que narran lo ocurrido en el universo después de la caída del imperio terrestre y de la ascensión de una organización sustituta y más democrática como es el Orden Estelar. Torres encuadra una parte considerable de esta obra en el ascenso de una nueva estructura social galáctica con unos principios de humanismo y respeto hacia otras culturas que han caído en el semibarbarismo al perder el contacto entre sí y con los restos del destruido imperio terrestre. Se establece por tanto una serie de historias en las que se prima por encima de todo la aventura del redescubrimiento. Los mundos que vuelve a encontrar el Orden Estelar han cambiado debido a su aislamiento e incomunicación. Algunos han avanzado ética y tecnológicamente otros, los más, todo lo contrario. La moral y el compromiso ético del Orden Estelar consisten fundamentalmente en darse a conocer en los mundos aislados y si estos lo desean permitirles que se asocien a la organización supraestelar del Orden. Estableciendo un paralelismo sería posible comparar estos principios, en parte, con la primera directriz del universo Star Trek.

 

Carlos Saiz Cidoncha es otro de los veteranos autores que usan escenarios galácticos. De hecho su obra principal es La Caída del Imperio Galáctico. Su primera novela de este ciclo se publica en 1978 y lleva por título El anillo de poder, la segunda se titula El ángel tenebroso y posteriormente se completaría en 2012 con El ocaso de los dioses. El tercer imperio de Tierra de Sol nunca fue más extenso, ni las sendas Hiperespaciales estuvieron más transitadas y tantas las estrellas en comunión. Es un imperio galáctico grandioso, sublime, y representaba la mayor ambición del ser humano y se creía invulnerable y destinado a existir por siempre. La Larga Noche estaba, sin embargo, cercana. Cidoncha se basa en la caída del imperio romano para desarrollar su historia, Asimov, por cierto, hizo lo mismo. En su imperio perviven las castas, desde los nobles hasta los esclavos y la distribución social es muy similar a la romana, aunque con alta tecnología. Memorias de un merodeador estelar es otra de sus incursiones en el género. Usa para su composición las características de la novela picaresca y, en un homenaje al Orden Estelar, hace aparecer personajes de la obra de Thorkent.

 

Rafael Marín en Lágrimas de Luz crea un universo gobernado por la Corporación. El protagonista, Hamlet Evans, es un poeta-cronista que sirve a La Corporación, un imperio galáctico en toda regla, en la denominada Tercera Edad Media de la Humanidad.

 

La novela es un compendio de muchos géneros pero predominan el que nos ocupa y el cantar de gesta y la space opera. Realmente, Marín, basa toda su imaginería en describir las hazañas guerreras de la humanidad, empeñada en una febril conquista del universo. Pero estas hazañas funcionan como una crítica despiadada a la sociedad occidental y sobre todo al imperialismo norteamericano. No por casualidad la sede de la todopoderosa Corporación es New York.

 

Rodolfo Martínez ha creado un universo space-opera en su serie Drímar, que está publicando completa la editorial Sportula. Drímar se compone de varios relatos, novelas cortas y novelas. En este universo es La Tierra, después de un gran desastre, consigue extenderse por el universo y son los terrestres los que dominan el universo. La sonrisa del Gato, El alfabeto del carpintero, La carretera o Este relámpago, esta locura son algunos de los títulos de esta interesante serie.

 

Victor Conde encuadra las aventuras de su personaje Piscis de Zhintra en un particular universo galáctico. La protagonista, con doce años de edad real, pero con 25 años de cuerpo y vivencias, es una auténtica heroína galáctica. Un metro ochenta y cinco de altura, ojos negros, pelo negro, con tendencia a la promiscuidad y aficionada a pasear desnuda por su nave espacial. Piscis posee cualidades tomadas de las heroínas mas conocidas de la ciencia ficción, comenzando por Barbarella -en la versión de Jane Fonda y Roger Vadim-, Ghita de Alizarr, de Frank Thorne – de la que hereda su parca vestimenta y ese descaro de vocabulario-, de la comandante Alice Cooper del Orden Estelar escrita por A. Thorkent- cierto porte aristocrático, incluso estando desnuda- o la Lorna de Alfonso Azpiri – una de las mas explosivas heroínas de la historieta española-. Su novela, ganadora del premio Minotauro de 2010, Crónicas del Multiverso está encuadrada en otro universo diferente del género space-opera- A ella pertenecen también las novelas Mystes y el El tercer nombre del emperador así como la aún no publicada ….

 

Para finalizar este repaso por la space opera española, no puedo olvidar el universo creado por Aguilera y Redal denominado Akasa-Puspa. En este universo se narra la historia de tres grandes potencias enfrentadas entre sí y que cuentan con un enemigo común. Nos encontramos con La Utsarpini, una federación de planetas en plena pujanza,  El imperio, en decadencia pero aún poderoso y La Hermandad, una potencia religiosa que ha aglutinado en una a todas las religiones humanas. Para evitar algunas contradicciones científicas, los autores encuadran sus civilizaciones en un cúmulo globular; esto es  una región del espacio en el que los sistemas solares se  encuentran muy cercanos entre ellos. Dos, tres años luz separan las estrellas entre sí. La distancia es suficientemente corta como para poder realizar viajes relativistas.

 

La space opera española existe y ha proporcionado muy buenas historias desde hace años. Casi todos los autores españoles de ciencia ficción han aportado, en algún u otro momento, su particular construcción de estos universos colosalistas. El atractivo del subgénero es innegable y parece que no se resiste a ninguno de ellos. Buenas historias para unas buenas aventuras de neta factura patria.



[1] Soap opera: seriales radiofónicos diarios patrocinados por marcas de jabones (soap), que compartían muchas características con los seriales de las revistas de ciencia ficción como el encadenar constantes momentos dramáticos para conseguir la atención del lector/oyente. Definición de  Daniel Gonzalo en http://www.cyberdark.net/portada.php?edi=6&cod=206

15/06/2014 23:25 Alfonso Merelo Solá #. Ciencia ficción No hay comentarios. Comentar.

PASCUAL ENGUÍDANOS USACH. SPACE OPERA DE FACTURA ESPAÑOLA.

PASCUAL ENGUÍDANOS USACH. SPACE OPERA DE FACTURA ESPAÑOLA.

 

Introducción

 

Estoy seguro que todos los lectores conocen el aspecto de la Estrella de la Muerte, esa gigantesca nave de combate creada por George Lucas para La Guerra de las Galaxias. Una gigantesca esfera, capaz de desplazarse por el espacio y con un poder militar incomparable (salvo si descartamos un pequeño fallo de diseño que permite que sea destruida con un mísero torpedo). Bien, pero... ¿qué me dirían si les cuento que alguien había pensado algo similar, muy superior en realidad, en la década de los 50 y que este pensador era, además, español y de Liria –Valencia- para ser mas concreto? Esa persona imaginó una nave a la que llamó autoplaneta y se llamó Pascual Enguídanos Usach, que usaba como nom de plume el de George H. White.

 

Personalmente conocí  su obra en la década de los 70 cuando la editorial Valenciana volvió a publicar 30 números de la colección, esta vez sólo ceñidos a los Aznar y obviando otros títulos de ciencia ficción que se editaron 20 años antes. Siempre he sido muy despierto y, pese a que el autor firmaba como firmaba, con un nombre muy anglosajón, el que sus personajes se llamaran Miguel Angel, Ricardo, Maruja o Luis, me dio la pista de que el autor podría ser español; si hubiera sido anglohablante sus protagonistas se denominarían Jonhy, James, Nathan, Susan o George. Eran novelas de a duro[1], aunque costaban 15 pesetas en los 70 con un formato ligeramente diferente a las habituales y con unas portadas con fondo amarillo. Cada 15 días era obligado para mi el acudir al kiosco a comprar esa novelita, que leía prácticamente en una hora y que proporcionaba diversión pura y dura. ¿El Imperio, la República, Galáctica, Star Trek? Nada. Minucias comparadas con las verdaderas barbaridades concebidas por el autor valenciano.

 

En este artículo voy a trazar una panorámica de lo que fue la obra magna de Pascual Enguídanos y del desarrollo de ese universo particular tan fascinante. Héroes sin dobleces, heroínas y guapas mujeres, robots, naves por millones, razas extraterrestres, dioses, batallas espectaculares. Todo eso es space opera, todo eso lo escribió hace 50 años nuestro autor. Vamos a entrar en el fantástico mundo de la Saga de los Aznar,  la aventura merece la pena.  

 

1. Una breve biografía.

 

Antes de comentar más cosas de esa fabulosa nave, que es usada como hilo conductor de varias decenas de historias, esbozaré una pequeña biografía de este autor casi desconocido para las nuevas generaciones de aficionados a la ciencia ficción. Nació en Liria el año 1923 y falleció en esa misma localidad en 2006. Durante su vida profesional compaginó su profesión de funcionario del antiguo Ministerio de Obras Públicas con su, según todos los datos, verdadera vocación que era la de escritor. Empezó a colaborar con la editorial Valenciana en 1953. Enguídanos comienza a escribir novelas del oeste y bélicas en la colección Comandos. Propone a José Soriano, director artístico de Valenciana, la creación de una colección especializada en ciencia ficción titulada Luchadores del Espacio. En ella se le propone al autor hacer una serie de continuidad en los personajes y aventuras, tal vez imitando las series de novelas pulp norteamericanas. El invento tiene éxito y la colección tiene un amplio recorrido, llegando a completarse 234 volúmenes entre 1953 y 1963 con un total de 27 autores diferentes entre los que estuvieron Domingo Santos y Ángel Torres Quesada.

 

Nuestro autor publicó cuarenta y siete novelas en esta colección  con el seudónimo de George H. White y otras 22 como Van S. Smith. Es curioso este segundo seudónimo porque surgió al pedir un aumento de sueldo que se le negó. Decidió abandonar la editorial y pasar a Bruguera, que le daba más salario, y curiosamente siguió colaborando con Valenciana, con este segundo alias, y con éste sí le concedieron aumento de sueldo. Incongruencias de las editoriales y del sistema.

 

Enguídanos tuvo la suerte de conseguir en vida varios reconocimientos y premios. Su serie La Saga de los Aznar fue reconocida como la mejor serie de ciencia-ficción publicada en Europa, en la Convención Europea de Ciencia Ficción celebrada en Bruselas en el año 1978. La vieja guardia de la ciencia ficción española encabezada por Carlos Saiz Cidoncha y Agustín Jaureguizar propusieron la Saga como mejor serie europea. Al parecer la ayuda francesa fue determinante a la hora de la votación y, probablemente para molestar a los alemanes que presentaban Perry Rhodan, se decantaron por la serie española. Según cuenta Pedro García Bilbao, editor actual de la saga:

 

«El factor clave fue el aficionado y erudito belga Bernard Goden, quien conocía la Saga muy bien y ayudó a la presentación de sus bondades y aciertos».

 

Por otra parte, la Asociación Española de Fantasía y Ciencia Ficción le concedió el premio Gabriel a la labor de toda una vida en la Hispacon celebrada en Getafe en el año 2003.

 

2. La Saga de los Aznar de George H. White.

 

La denominada  Saga de los Aznar es la primera serie de space opera de autoría española. Realmente la obra canónica y correcta es la edición revisada de los años 70 en la que Enguídanos revisó todas las novelas primigenias y las remodeló a su gusto. De manera que hablaré aquí de esta versión moderna de la saga.

 

La denominación de Saga de los Aznar es un invento de Valenciana para su reedición de los años 70. En el año 1974, en verano, se relanza la colección Luchadores del Espacio, pero esta vez exclusivamente dedicado a las aventuras de los Aznar. El primer número, Los hombres de Venus, nos presenta al primer Miguel Angel Aznar como un prototípico héroe -alto, inteligente, guapo- que es piloto de las fuerzas aéreas norteamericanas, que después de participar en la guerra de Vietnam -en la primera versión era Corea-, es enrolado en una agencia de la ONU, la Astral Information Oficce, dedicada a la búsqueda de extraterrestres. Una especie de SETI pero en los años 50 -aunque en aquí estemos en los 70-. Con esto sólo quiero decir que, pese a la fecha de publicación de la reedición, las ideas básicas ya están presentes en las novelas de los años 50.

 

Esta saga se divide en dos partes claramente diferenciadas: los primeros treinta números y su continuación que constó de 24 números más.

 

 

2.1 Primera parte. Las aventuras del autoplaneta Valera

 

Como ya he comentado, las aventuras de la familia Aznar, y de la humanidad en general, surgen en la novelita titulada Los hombres de Venus. Allí se presenta el héroe y uno de los enemigos más formidables de la humanidad; la raza extraterrestre denominada Thorbod, los hombres grises. A partir de ese momento se desencadenan las aventuras sin freno y sin tregua. El intrépido piloto se embarca en una nave espacial experimental, El Lanza 1, construida por un multimillonario y llega a Venus, el Venus jurásico de los pulps clásicos, con la intención de probar que existen extraterrestres y además que son hostiles. En el viaje de vuelta aterrizarán en un mundo errante que les llevará, en un viaje de 400 años, al futuro de la Tierra. Con una nave espacial extraordinaria, construida en el planeta errante, llamada Rayo, se ve envuelto en una guerra a su regreso a la Tierra en la que participan por un lado La Federación Ibérica, aliada con los Estados Unidos de Norteamérica, y por otro El Imperio Oriental. La abrumadora superioridad de las armas del Rayo decantan la partida hacia las fuerzas occidentales. Pero la paz es frágil y los ya conocidos thorbod, refugiados en Marte, atacan la Tierra conquistándola con su superioridad numérica y de armas. El Rayo abandona la Tierra con 6.000 madrileños supervivientes del ataque.

 

Esto que he comentado ocurre apenas en los seis primeros números de la colección y reúne los mejores estereotipos de la space opera: héroe invencible, arma invencible, o casi, batallas impresionantes y buenos y malos sin dobleces.  También en estos primeros volúmenes se comienza a desarrollar el universo social de Enguídanos; una suerte de socialismo cristiano como el autor se encarga de recalcar una y otra vez. En esta sociedad el estado se encarga de todo: la educación, la sanidad, la alimentación etc. El ciudadano tiene la obligación de participar durante un número determinado  de años en un Servicio Obligatorio de Trabajo y a partir de ahí el estado le provee de todo lo necesario de por vida. Los que quieren destacar, o no son conformistas, se reenganchan en este servicio y son los que forman las élites; los investigadores, los profesores,  los artistas, los deportistas de élite, los militares. Esta configuración comunista se mantendrá durante toda la obra en las sociedades humanas de Enguídanos. La igualdad entre hombres y mujeres es total y tanto ellos como ellas ocupan todos los puestos de relevancia o no de estas sociedades.

 

El autoplaneta Valera es el eje conductor, o el vehículo, de la saga a partir del número nueve. Se trata de una nave espacial, del tamaño aproximado de La Luna, hueca, donde los astronautas, o ciudadanos llamados valeranos, viven en ciudades tales como Nuevo Madrid, la capital del planetillo. La capacidad de desplazamiento de la nave se produce debido a que está compuesto de un material superdenso, llamado dedona, que, inducido eléctricamente, posee propiedades antigravitatorias. Esta nave aloja a la flota más poderosa del universo con millones de naves de combate, siendo además una fortaleza inexpugnable capaz de trasportar millones de tripulantes que viven toda su existencia en el planetillo.

 

Con esta formidable nave de combate los valeranos viajan por el cosmos llegando a lejanas galaxias[2] y enfrentándose a los thorbod, Los hombres de Silicio, los nahumitas, los sadritas o los eternos en esta primera parte. El planteamiento es idéntico en todos los encuentros con extraterrestres. Este encuentro es siempre catastrófico para los valeranos o la humanidad. Generalmente las razas están más avanzadas tecnológicamente e inflingen una severa derrota a las fuerzas terrestres. Pero éstos siempre se recuperan, incorporando la nueva tecnología a sus armas y terminando por derrotar al enemigo. El autoplaneta es en sí mismo una potencia formidable y casi invulnerable. Enguídanos crea unas batallas espaciales en las que se mueven literalmente millones de naves que disparan cientos de millones de torpedo nucleares contra los enemigos. Es un remake de las batallas navales en las que la superioridad se decantaba en la armada que era capaz de disparar más veces y más  rápido y tenía mejores defensas. Eso es lo que hace el autor: coraza contra torpedo; buques de dedona contra torpedos cada vez más efectivos. En el número 23 titulado ¡Luz Sólida! descubrimos el rayo láser antes de que este se inventara. Los sadritas, una raza de seres cuya base orgánica es el titanio, llegan a la Tierra con unas armas nuevas capaces de perforar las mejores corazas de dedona y obligan a los terrestres  a evacuar el sistema solar y dirigirse a los planetas de Redención, sede de la otra parte de la humanidad. Pero es que Enguídanos tiene la idea de usar esta luz sólida no sólo como arma sino como propulsor de las naves. Algo que no habíamos visto o leído anteriormente.

 

Por otra parte los viajes de Valera son todos relativistas, al menos en esta primera parte. Los valeranos viajan a menor velocidad de la luz por todo el universo, lo que produce una ralentización del tiempo en el autoplaneta, mientras que en los mundos que visitan trascurren cientos o miles de años entre una y otra visita. Esto produce un desfase social enorme entre los valeranos, que apenas evolucionan y las otras civilizaciones que tienen miles de años de ventaja. Este desfase será el desencadenante del final de la primera parte al enfrentar a valeranos, fósiles del pasado, con una civilización de eternos, descendientes de los humanos, que han conseguido introducir sus cerebros en cuerpos de robot para prolongar su vida indefinidamente. A raíz de ese enfrentamiento fratricida, el autoplaneta Valera se constituye en República independiente y abandona para siempre los mundos redentores. Así acabó la odisea en los años 50 con la marcha de la nave hacia el espacio desconocido.  Los lectores tendrían que esperar veinte años para ver las aventuras continuadas.

 

Todas estas aventuras extraordinarias siempre tienen los dos mismos protagonistas: el autoplaneta y la familia Aznar. Los Aznar son los héroes de la historia. Mientra que en otros space opera el héroe siempre es el mismo, aquí los héroes son toda una familia, que va trasfiriendo de padres a hijos los valores característicos del héroe. Los Aznar son todos militares, almirantes de la flota valerana y llevan el peso de todos los enfrentamientos bélicos humanos. Además, como si de una tragedia griega se tratara, la mala fortuna, el gafe, los persigue a ellos y a todos los que les rodean. La familia tiene definitivamente un sino muy oscuro y pocos de ellos mueren en la cama.

 

 

2.2. Segunda Parte. A través de un Mundo Anillo.

 

Como decía en el apartado anterior trascurren 20 años desde el final de la saga. Para los lectores como yo, que leímos directamente la reedición de los 70, no nos pareció extraño que el nº 31, Universo remoto, trascurriera 200 años después de la partida de Valera y con un mismo protagonista que es Miguel Ángel Aznar Polaris. Éste, es despertado de la hibernación a la que se sometió voluntariamente y  encuentra una sociedad que ha evolucionado mucho en su ausencia. El autoplaneta se encuentra en un remoto sistema solar al que ha llegado siguiendo una señal de radio. Ese sistema solar tiene un solo planeta orbitando en torno a su sol y es un mundo anillo al estilo del desarrollado por Niven en su popular novela[3]. En esta segunda parte los valeranos colonizan Atolón, el circumplaneta, descubriendo que es una obra de macro-ingeniería de una raza muy avanzada de humanoides llamada barpturanos. Según la idea de Enguídanos, ellos fueron los que sembraron el cosmos de vida humana. Con esta raza original cubre los huecos que dejaba en la primera parte al considerar que varias razas galácticas fueran compatible con la humana, caso de los redentores, nahumitas, saissais o terrestres.

 

El encuentro con esta avanzadísima civilización hace evolucionar enormemente la tecnología de los valeranos. Se incorporan las ondas gravitacionales, una especie de escudos de energía capaces de desviar la luz sólida, y el mayor descubrimiento para los terrestres es una máquina de integración de materia, llamada karendón, que  es capaz de desintegrar cualquier cosa y volverla a recomponer. Puede crear a partir de la energía cualquier cosa que se hay previamente grabado en su ordenador. Así recrea desde una silla hasta un crucero de combate, pasando por un filete con guarnición o un ser humano.

 

«En Star Trek usan las máquinas teleportadoras y ya está, pero Enguídanos hace un uso de sus equivalentes (las karendón) que va mucho más allá. Piensa que una vez que un cuerpo está codificado en la memoria del ordenador puede hacerse con él muchísimas cosas. Desde resucitar a copias de los muertos en combate a obtener copias de materia negativa con la karendón mutante. La flota de Valera usa torpedos de antimateria ¿cómo transportarlos sin peligro a bordo de naves de materia? Fácil, se transportan como torpedos de materia normal y, en el momento en el que son disparados la karendón mutante los trasforma en antimateria... »  Juan Miguel Aguilera en El Sitio de Ciencia Ficción

 

A partir de ese momento la saga adquiere mucha mas modernidad, experimentando un cambio brusco tanto en las historias y el tratamiento de los personajes, como en la tecnología inventada por el autor. En el plano bélico tenemos los cruceros clase Stelar, capaces de volar por el hiperespacio, otro invento bartpur, torpedos antimateria o esferonaves realizadas en hormigón (casi invulnerables y mas baratas de construir que con dedona). En otro plano la karendón combinada con una máquina psi, capaz de grabar toda la mente de un humano en disco, permite la inmortalidad pues desintegras el cuerpo anciano y lo reintegras con su aspecto de 20 años. Después basta con cargar la personalidad grabada y tenemos la perfecta trasmigración científica. Fácil y elegante ¿no les parece?

 

Seguramente por influencia de las doctrinas pseudocientíficas de la época –ya saben que Von Daniken y sus astronautas-dioses estaban de moda-, Enguídanos dota a sus personajes, a partir del encuentro con los avanzados barptures, de capacidades telepáticas y psíquicas entre otros avanzados poderes. Fidel Aznar, uno de los últimos personajes en incorporarse, es un mestizo con unas habilidades extraordinarios. Los tapos, descendientes de los valeranos después de un millón de años, tienen esos poderes y se integran en la primitiva sociedad valerana.

 

2.3 La saga en perspectiva.

 

 

La saga de los Aznar ha sido la serie más curiosa e interesante de la ciencia ficción popular en España. Dentro de la mediocridad literaria, e incluso de ideas, que jalonaban estas aventuras del espacio, tal y como se les llamaba, brillaba como una rara joya en medio del carbón. Naturalmente no podemos decir que los relatos de Enguídanos sean un dechado de calida literaria pero si que estaban muy por encima de la media. Tenía un estilo propio y una manera de contar las cosas que lo elevaban de la mediocridad. Y sobre todo la saga fue un increíble panorama de maravillas sin pausa. A una espectacular batalla sucedía un descubrimiento asombroso y una raza de pulpos inteligentes, de hombres de cristal, de vivíparos con aspecto humano o de lagartos inteligentes. Los lectores encontramos escenarios conocidos y otros mas que originales, de hecho yo leía antes universo remoto que Mundo anillo, así que comprenderán mi sorpresa cuando me introduje en el mundo de Niven. Ya lo conocía, en parte, por mis lecturas de la saga igual que me ocurrió con la visión por primera vez de la estrella de la muerte; era el autoplaneta, o era casi como yo me lo había imaginado.

 

Estoy convencido que Pascual Enguídanos tenía un plan perfectamente trazado para su obra. De la lectura de la misma se puede colegir que no dejaba cabos sueltos, y aunque en la primera edición hay algunas meteduras de pata considerables en las cuestiones científicas más básicas, veinte años después, rehace su propia obra mejorando algunas de las premisa originales y eliminando inconsistencias. Además retoma la historia donde la dejó con una continuidad perfectamente coherente con el universo aznarino. En ese universo han pasado 200 años y las costumbres sociales han evolucionado, exactamente igual que lo hacía la sociedad española que casi está ya saliendo de la dictadura. Las costumbres morales de los valeranos se vuelven más liberales, mas avanzadas. Su contacto con las otras razas mejora el corpus social valerano, al menos en el plano de las costumbres sexuales y morales. La raza evoluciona con el mestizaje, cosa que Enguídanos, que es muy patriota –recordemos que casi todos los valeranos son descendientes de los madrileños exilados en el Rayo-, utiliza tratando tal vez de imitar la conquista de América. Los españoles tienen otro imperio, esta vez galáctico, a su disposición y desde luego se convierten en los dueños del universo.

 

En esta segunda etapa todo está mucho más difuso y matizado. Los malvados ya no lo son tanto, incluso los thorbod se vuelven dialogantes, y se trata de solucionar los problemas con la diplomacia en lugar de la fuerza, aunque ésta se siga empleando cuando es necesario.

 

 

 

3. Una pequeña reflexión y una conclusión.

 

 

 De todas las space operas españolas probablemente ésta sea la más completa. Y es mas completa porque el universo diseñado para alojar las historias no se limita a contar viajes espaciales y aventuras de unos personajes concretos; la saga cuenta la historia de la humanidad, o una historia por lo menos, que abarca un millón de años hasta el futuro. Cientos de civilizaciones nacieron y murieron mientras que Valera viajaba incansablemente por el espacio. Esa magnificencia es la que dan a estas historias su aura particular de gran serie. El utilizar un vehiculo tan inmenso, que puede contener millones de habitantes –una sociedad en si misma-, que puede viajar tan lejos y por tanto tiempo, convierte a los valeranos en notarios de algo que sólo vislumbran pero que no viven. Ellos están al margen del universo, pasan por él pero no participan con él. Son como dioses del pasado que regresan para observar el paso del tiempo y actuar en determinadas ocasiones. Son un pueblo desubicado y sin raíces. Son semillero de sociedades pero nunca cosechan lo que siembran pues cuando regresan todo ha muerto y lo que conocieron hace ya milenios que desapareció.

 

Pascual Enguídanos Usach, George H. Wite, creó un universo importante, curioso y original, entre otras cosas por darle el protagonismo a los españoles del futuro. Lo mas curioso es que la coherencia y el buen hacer del autor hace que este hecho insólito no nos chirríe en absoluto. Pero la saga es también puro y duro divertimento. ¿Se puede pedir más? Teniendo en cuenta que uno de los principios fundamentales de todo escritor debe ser entretener, George H. White se mostró como un consumado maestro en esta faceta. Pero además de entretener también intentó dar su visión de lo que podría ser una evolución social de la humanidad: una sociedad igualitaria con profundas connotaciones de socialismo utópico. Y aún así, como buen católico educado en la moral y doctrina nacional-catolica, esta sociedad está basada también en los principios básicos cristianos. Cierto que la religión no es el eje de la acción o de la sociedad, pero si que aparece de vez en cuando y perdura en el tiempo a través de un millón de años.

Como colofón a este ensayo quisiera recomendar a los lectores que se acerquen a la saga. Mi recomendación es acercarse a ella desde la segunda parte, la más intensa y moderna que mejor ha resistido el paso del tiempo.  Si les engancha, podrán continuar con la lectura completa. Estoy seguro que, dentro de los parámetros que he descrito, no les debe defraudar.

Por cierto, existen dos volúmenes perdidos y nunca publicados, El gran miedo y Escuadron Delta, que el autor entregó  a la editorial Valenciana. De ellos nunca más se supo. Si alguno de ustedes lectores encuentra alguno de esos dos volúmenes les rogaría que me lo comunicara. Sería un descubrimiento colosal.

ANEXO. Los epígonos.


La editorial Silente, que dirige Pedro García Bilbao, es una pequeña empresa que, casi artesanalmente, ha reeditado toda la saga de los Aznar comentada por Mario Moreno Cortina, uno de los mejores expertos en la misma.

La saga ha tenido continuadores en lo que podríamos denominar fan-fictión. Estos aficionados han escrito una serie de novelas y cuentos todos encuadrados en el universo enguidosiano. Se encuadran en la denominada Nueva Generación y entre ellos están Mario Moreno Cortina, Carlos y Carles Quintana, Alfonso Seijas, Ramón San Miguel, Santyago Moro, Carlos Sainz Cidoncha, Joaquín Vidal, Carlos Alberto Gómez o Abel López.  Entre las novelas que continúan directamente las aventuras del autoplaneta Valera están los títulos Tharsis y Garuda de la pluma de Mario Moreno Cortina.

 

Para saber más de la saga de los Aznar se puede consultar en los siguientes sitios de Internet:

http://www.ciencia-ficcion.com/ghwhite/index.html

http://lasaga.es/



[1]    Las novelas de a duro (se atribuye el término a Carlos Saiz Cidoncha aunque probablemente fuera un consenso popular) era la denominación popular de los bolsilibros, colecciones de novelas temáticas -oeste, bélicas, románticas, ciencia ficción, terror o misterio- muy habituales en los kioskos españoles desde 1950 hasta 1980. Comenzaron costando 5 pesetas, un duro,  de ahí su nombre que se mantuvo pese a su incremento de precio.

 

«Son el equivalente español a los pulps  norteamericanos, aunque cuentan con unas características propias que las identifican. Al igual que éstos eran novelas baratas, de aspecto modesto, formato reducido (alrededor de 15 x 11 cm.) e ilustradas con portadas llamativas, pero en lugar de recopilar varias obras acostumbraban a abarcar un único relato, que a veces ocupaban varios números. Su nombre hace alusión al precio que costaban en los años cincuenta, aunque lógicamente éste se fue elevando con el tiempo hasta alcanzar valores muy superiores». José Carlos Canalda.

[2] Enguídanos usa el término galaxia para denominar a los sistemas solares diferentes. Así se habla de  la galaxia nahumita o de la galaxia thorbod, sistemas de procedencia de estas razas.

[3] La novela de RingWorld, Mundo Anillo, escrita por Larry Niven data del año 1970 en su primera edición norteamericana. Sin embargo en España no se publicó hasta 1976 por la editorial Martínez Roca. La  novela de Enguídanos se edita en el año 1975. ¿Se trata de una coincidencia o conocía el autor la obra de Niven?  Soy de la idea que se trata de una coincidencia en el tiempo. Enguídanos no hablaba inglés y dudo mucho que conociera en la época, sin  tantos medios de consulta como los actuales, la obra del norteamericano. Además en la saga se le denomina Circumplaneta  y en ningún caso mundo anillo. De todos modos es seguro que conocía las teorías de la esfera de Dyson ya que las aplicó al final de la saga con el descubrimiento del  hiperplaneta Negro.

15/06/2014 23:38 Alfonso Merelo Solá #. Ciencia ficción No hay comentarios. Comentar.


FREDERIK POHL EL MAESTRO DE LO EXÓTICO.

FREDERIK POHL EL MAESTRO DE LO EXÓTICO.

 

                        You can’t really predict the future.

All you can do is invent it.

F. Pohl

UNA INTRODUCCIÓN HOMENAJE.

 

He de reconocer que algunas de las obras de Frederik Pohl se encuentran entre mis favoritas y que es de los pocos autores que he releído varias veces, encontrando siempre algo nuevo en sus obras. Por eso este artículo-homenaje está elaborado desde mi óptica de considerar al autor como uno de los grandes maestros de la ciencia ficción. Conocí por primera vez su obra a través de un libro que cayó en mis manos en los lejanos años 70. No era otro que Mercaderes del Espacio en la edición primera en España que publicaba la editorial Minotauro, dirigida en aquella época por Francisco Porrúa. Bien es verdad que no era una novela escrita exclusivamente por él, ya que contaba con la colaboración de C.M. Korblunth, pero me impresiono por lo que ya dejaba intuir de su estupenda caracterización de personajes y de escenarios que, aunque en aquella época parecían lejanos, eran muy plausibles. Y fíjense donde hemos llegado en este momento en la que ese escenario no es sólo cercanamente plausible sino que se ha hecho realidad absoluta, aunque me permitirán que volvamos a retomar el tema más adelante.

 

Voy a tratar de reflejar mi visión de uno de los grandes maestros de la ciencia ficción. Un visionario, descubridor de caracteres humanos más que creíbles y creador de escenarios atractivos y absorbentes.

 

UNA PEQUEÑA BIOGRAFÍA.

 

Nación en Brooklyn, New York, en 1919 y falleció el pasado 2 de septiembre de 2013. Su padre era comerciante y este hecho obligó a la familia a trasladarse  frecuentemente de residencia. Es de suponer que esta circunstancia lastró su instrucción educativa ya que no pudo, o no tuvo la oportunidad, de terminar sus estudios secundarios. Como homenaje de su instituto en Brooklin

 

Desde su infancia fue un lector compulsivo y ya a una temprana edad escribía en fanzines que él mismo producía y distribuía. Fue uno de los más activos iniciadores del denominado fandom y formó parte, o estuvo muy cerca, del grupo denominado Los futurianos. Según su propia autobiografía este grupo se formó en torno a Hugo Gernsback y la denominada Brooklyn Science Fiction League. En este grupo participaron entre otros Asimov, Blish,  Korblunth, Donald A. Wollheim, Damon Knigth o Judith Merril. Estos futurianos mantenían unas posturas políticas muy progresistas y, de hecho, el propio Pohl llegó a pertenecer a las juventudes comunistas. La adscripción ideológica de Pohl le llevó a tener enfrentamientos con otros miembros del fandom neoyorquino.

 

Participó en el escenario europeo de la segunda guerra mundial concretamente en Italia en las fuerzas aéreas. Se casó 5 veces y fruto de estos matrimonios nacieron 4 hijos. Curiosamente algunos de sus matrimonios fueron con mujeres fuertemente unidas a la ciencia ficción ya fuera como futurianas o cómo ensayistas y críticas.

 

EL AGENTE LITERARIO Y EL EDITOR.   

 

La aventura literaria de Frederik Pohl comenzó con sus primeros relatos publicados en sus propios fanzines. Pero a la temprana edad de 19 años ya era editor de las revistas Astonishing Stories y Super Science Stories. Posteriormente sería editor de las revistas IF y Galaxy y lanzaría una serie de antologías de relatos tituladas genéricamente Star Science Fiction. En ellas comenzaron algunos escritores tan famosos posteriormente como James Blish o Larry Niven. Como editor de libros, en Bantam Books,  tuvo la oportunidad de publicar a Samuel R. Delaney y su serie Dhalgren o a Joanna Russ y su novela El hombre hembra. Escritores muy conocidos fueron apoyados inicialmente por Pohl un verdadero descubridor de talentos en la literatura de ciencia ficción. Continuó en el mundo de la edición hasta el año 1993, una carrera impresionantemente longeva para un verdadero amante de la literatura de anticipación. Tanto es así que en 2009, a la edad de 89 años, tuvo el atrevimiento, y la fuerza, de crear un blog titulado The Way the Future Blogs, que ganaría un premio Hugo.

 

Si su papel como editor fue muy fructífero no lo fue menos en su faceta de agente literario. Representó, en diversos tiempos, a escritores tan importantes como Isaac Asimov –del que sería el único agente pues Asimov se representaría a sí mismo hasta su muerte (según él mismo debido a su tacañería)-, Algis Budrys, Hal Clement, Fritz Leiber o John Wyndham. Hay que alabar el importante ojo clínico de Pohl para poder ver el potencial de sus representados, ya que todos ellos han dejado huella, más o menos profunda, en la historia de la ciencia ficción. Pese a esta gran panoplia de autores, se dice que representó en un momento u otro a la mitad de todos los escritores de ciencia ficción norteamericanos, las ganancias de la agencia no fueron lo que deberían haber sid y en la década de los 50 tuvo que abandonarla.

 

EL ESCRITOR Y SU OBRA

 

A medida que Pohl se internaba en el mundo de la edición comenzó, aprovechando precisamente esa posición, a publicar relatos en las revistas al principio con pseudónimo y posteriormente, a partir de los años 50, con su nombre real. Este periodo de  relatos cortos, en el que casi todos los escritores de ciencia ficción que han sido se han fogueado, dio paso a la autoria de novelas. El primer éxito de Pohl viene de la mano de su amigo, y también futuriano, C. M. Kornbluth, y se titula Mercaderes del Espacio. La novela fue publicada originalmente en 3 partes en la revista Galaxy Sciencie Fictión en el año 1952 aunque con el título Gravy Planet.

 

La novela basa su argumento en las disputas comerciales de dos mega corporaciones de publicidad y productos de todas clases, empezando por los alimentos. Estas empresas gobiernan el mundo por encima de las  naciones y, por supuesto, de los gobiernos que son meros títeres de ellas. Cuando vemos los movimientos de globalización existentes, las multinacionales que están en todos los países y los movimientos conjuntados de la economía en el mundo, no se pude dejar de pensar en cuan proféticos  fueron  los dos autores.

 

La historia está protagonizada por Mitchell Courtenay, un alto ejecutivo publicitario de la sociedad Schocken, que tiene como marca de sus productos Astromejor Verdadero. Courtenay es el encargado de realizar la campaña publicitaria para la colonización del planeta Venus, que recientemente ha sido terraformado. Este ambicioso proyecto le llevará al enfrentamiento con la sociedad Tauton, rival de Schocken. Lo que comienza en un enfrentamiento comercial, se verá convertido en una lucha por el poder absoluto. El que gane esta batalla, ganará la guerra y el planeta Venus.

 

Su título es engañoso porque ese espacio del título no es el espacio sideral sino el espacio vital. Se denuncia el poder omnímodo del capitalismo mas salvaje que, usando la democracia como mera excusa, simplemente desprecia el factor humano, salvo en un sentido: el poder de dominar a todos y a todo. Es el consumidor puro y duro sin ningún derecho salvo el de trabajar para consumir. ¿Les suena esta idea de algo? ¿Les ha ocurrido o les ocurre algo por el estilo? Si esto no es una predicción mas que acertada del estado actual de la economía, no conozco ninguna otra que se haya, siquiera, acercado lo que se describe en esta novela.

 

Mas adelante, en el año 54, colabora con otro escritor famoso, Jack Wiliamson, con una serie de corte aventurero submarino protagonizada por el personaje de Jim Eden. En 1955 el dúo con Kornbluth vuelve a funcionar y se concreta en la novela Gladiator at  Law, también publicada en Galaxy en forma de serial. Por lo que se permanece inédita en castellano. A partir de ese momento, Pohl se prodiga tanto en colaboración como en solitario escribiendo tanto novelas como cuentos y relatos.

 

Su siguiente gran éxito, y gran novela es Homo Plus, publicada en The Magazine of Fantasy and Science Fiction en tres partes en 1976. La novela recoge las experiencias de un militar y científico, Roger Torraway, que participa en el experimento homoplus para mejorar al ser humano. La finalidad de este experimento no es otro que utilizar a ese hombre mejorado, con técnicas biónicas que lo convertirán en un cyborg, en la conquista de Marte. La novela hace una reflexión profunda sobre lo que significa ser humano.  Somos lo que somos porque nuestra configuración anatómica nos condiciona. Pero si esta cambia ¿no cambiará nuestra percepción de nuestra naturaleza? Esa es la premisa que explora el gran maestro en una de sus mejores novelas. Son  particularmente terroríficas algunas de las trasformaciones que padece el pobre Torraway, cambios que sus predecesores en el experimento no consiguieron superar.

 

Quizá su novela cumbre pueda ser Pórtico. El autor reconoció que era la obra que más le convencía, que era lo mejor que había escrito. Pórtico es una novela que ha de estar entre las grandes de todos los tiempos en cuanto a ciencia ficción se refiere. Pohl, muy hábilmente, crea una novela de extraterrestres sin extraterrestres. No sabemos quienes son, como son y que hacen o quieren. Sólo se les conoce por su tecnología, por unas naves estelares que nadie entiende y que son usadas por los humanos aún a riesgo de morir en el intento. Pórtico es una estación espacial, un puerto, creado por la civilización Hechee. En él se encuentran cientos de naves preparadas para viajar más rápido que la luz. Y en ellas se embarcan los llamados prospectores que buscan descubrimientos y objetos de esa civilización en los saltos de búsqueda. El riesgo de estos saltos es tan grande que los tripulantes muchas veces vuelven muertos o ni siquiera vuelven. Robinette Broadhead, el personaje protagonista, fue un prospector que en uno de sus viajes consiguió una gran fortuna por sus descubrimientos. En una retrospectiva de su vida, a través de un deliciosos personaje psicólogo robótico, iremos viendo como es Pórtico, la vida de sus habitantes y las peligrosas misiones de sus naves. Esta revisión psicológica viene dada por el remordimiento de haberse convertido en millonario a consecuencia de haber perdido a su novia en un agujero negro.

 

La novela es una revisión profunda de la psicología de una persona normal, que se convierte en un héroe por error. Ese peso de la púrpura es muy difícil de soportar y Robin no es inmune a él. Pero no es sólo esas circunstancias personales las que hacen a la novela una de las grandes. Porque es precisamente la imposibilidad de la compresión de una tecnología diferente la que hace que el lector reflexione sobre las pocas posibilidades de entendimiento entre civilizaciones diferentes. Si ni siquiera en la Tierra somos capaces de entendernos ¿cómo seríamos capaces de hacerlo si por casualidad nos encontramos con entidades alienígenas? 

 Pórtico, convertida en La Saga de Los Hechee, se prolongaría durante tres novelas más tituladas Tras el incierto horizonte, El encuentro y Los anales de los Hechee, francamente prescindibles aunque podríamos salvar la segunda de ellas. La novela original obtuvo los premios Hugo, Nébula, Locus y Campbell.

 

 Los años de la ciudad consiste en una serie de relatos, publicados unitariamente en 1986, pero que conforman una unidad. La novela trascurre en un futuro cercano, entre 50 y 100 años, en New York. Se nos cuenta la evolución de la ciudad, como anclaje de la sociedad, en los aspectos técnicos y sociales. Una novela muy curiosa que permite vislumbrar algunas ideas interesantes y extrañas como pueda ser un sistema penitenciario en el que la reinserción se produce en forma de trabajos comunitarios, mejor remunerados en rebajas de condena cuanto más penosos son.

 

 El último teorema fue una colaboración con Arthur C. Clarke que se público en 2009 después de la muerte de este último. Se narra en ella una conspiración extraterrestre para apoderarse de La Tierra. Estos elementos están presentes en muchas de la novelas de Clarke y, dadas sus filias probadas, también veremos ascensores espaciales y armas terroríficas. Es, tal vez, mucho mas de Clarke que de Pohl. Su última novela publicada fue All the Lives He Led en 2011.

 

 PHoL EL GRAN MAESTRO.

 

Hasta aquí he desgranado un poco la vida y obras de Frederik Pohl, pero para completar este artículo voy a expresar algunas reflexiones personales sobre el autor.

 

Pohl ha sido siempre un autor al que me he acercado sin miedo. Entiéndanme: a priori todo lo que veía de él era rápidamente deglutido. Naturalmente algunas decepciones ha habido, pero siempre he vuelto a leer alguna novela nueva, algún relato. Porque siempre me ha logrado sorprender de alguna manera. Pohl era impredecible, siempre cuidando a sus personajes, mimándolos y mostrándolos en sus más íntimos recovecos a los lectores. Por todo ello he pasado muchas horas asombrándome de la capacidad de asombrar, valga la redundancia, de este gran maestro y su manera de inventar y de construir futuros, algunos de ellos muy desagradables, llenos de lucidez y coherencia. La frase que encabeza este artículo puede resumir muy bien el pensamiento de Pohl: No podemos predecir el futuro. Podemos inventarlo.

BIBLIOGRAFÍA CASTELLANO

¡Ciudad submarina!

A través del tiempo

Aventuras bajo el mar

Búsqueda estelar

Chernobyl

Corrientes alternas / Siluetas del futuro

El día de la estrella negra

El día que llegaron los marcianos

El encuentro

El final de la Tierra

El mundo al final del tiempo

El último teorema

Fuego de estrellas

Homo plus

Jem

La guerra de los mercaderes

La ira de la Tierra

La llegada de los gatos cuánticos

La lucha

Los anales de los heechee

Los años de la ciudad

Los exploradores de Pórtico

Los inmortales

Marinia

Mercaderes del espacio

Mineros del Oort

Pórtico

Tras el incierto horizonte

Trilogía del Reverendo Hake

 

15/06/2014 23:49 Alfonso Merelo Solá #. Ciencia ficción No hay comentarios. Comentar.

Doctor Who y los compañeros proactivos. La séptima temporada rumbo al episodio del cincuentenario.

 

 

La longeva serie británica Dr. Who ha tenido a lo largo de su historia varios elementos comunes que permitían al espectador engancharse a los episodios aunque hubieran abandonado por un tiempo al personaje. Hablamos de elementos recurrentes como los Dhaleks o lo Cybermen, verdaderos iconos de la serie, pero también hay un elemento que es una constante en todos y cada uno de los episodios: el compañero. Porque el Dr. Who no puede vivir sólo, no puede operar en ese continuo espacio-tiempo sin dotarse, y dotarnos, de un elemento de anclaje en la normalidad que es ese compañero. Compañero, o más habitualmente compañera, siempre cambiante, pero siempre igual, en lucha constante entre su anodina vida pretérita y las maravillas ofertadas por el Dr. y sus impresionantes viajes por el tiempo y/o el espacio. En realidad esa necesidad de tener un compañero es algo recurrente en otros personajes de la literatura o del tebeo. No es más que la necesidad de que alguien externo observe las fantásticas hazañas del héroe y, en su caso, las cuente al espectador o al lector –Watson es una ejemplo claro, pero también lo es Robin o la sargento Chamorro y, naturalmente, Sancho Panza-.

En la nueva etapa de la  serie, a partir de 2005, se hizo mucho más patente la importancia de estos compañeros, siendo Billie Piper la actriz encargada de representar el papel de Rose Tyler que acompañaría a los doctores noveno y décimo en sus viajes. En esta temporada hubo varios compañeros recurrentes además de Rose, destacando a Mickey Smith, interpretado por Noel Clarke. Este personaje volvería en otras temporadas ya con el Dr. número diez, David Tennant.

Los compañeros del undécimo doctor, Matt Smith, fueron desde el principio una pareja, un matrimonio formado por Amy Pound y Rory Williams (Karen Gillam y Arthur Darvil). La interacción de estos personajes llega a ser tan importante que son los progenitores del amor futuro del Dr., la impresionante River Song. A mitad de la séptima temporada, los compañeros fueron desechados y se incorporó al rol de acompañante otro personaje femenino de nombre Clara Oswin (Jenna-Louise Coleman) y que fue presentada, de manera tangencial, en el primer episodio de la temporada.

Matt Smith abandona la serie como protagonista en ese esperado capítulo del cincuentenario. Particularmente su aspecto y su actuación histriónica me han sacudido como espectador a lo largo de todas las temporadas por él protagonizadas, sobre todo si tenemos en cuenta que sustituyó al excelente David Tennant. Nunca me ha parecido una buena elección para el papel. Bien es cierto que el cambio de guionistas perjudicó la sostenibilidad de los episodios y fueron pocos los que sobresalieron de una mediocridad ramplona.

El Doctor Who de Smith es más histriónico que los anteriores, menos simpático, menos Doctor, si me permiten. Smith no es capaz de entrar de verdad en el personaje y, mientras que es un Doctor Who más, nos queda la idea de que Tennant era “el Doctor” por excelencia. Ya veremos como se comporta el nuevo Doctor, en la figura de Peter Capaldi –al que pudimos admirar en la tercera temporada de Torchwood en el papel del burócrata Frobisher-para la nueva temporada una vez superado el episodio del cincuentenario.

Pero esta reflexión trata de la última temporada hasta ahora de la serie, la que hace la número 7 de la nueva etapa. Como ya dije anteriormente los dos compañeros anteriores continuaron hasta ser sustituidos por Clara.  Los cinco primeros capítulos de esta temporada cuentan con los Pond y a partir del episodio de navidad es Oswind la que pasará a acompañar al Dr. En realidad estos episodios con Clara van enfocados hacia el final de la temporada con la sorpresa del último episodio. La planificación de los guiones van proporcionando pequeñas pistas que van presentando a Clara como un ser diferente y muy relacionado con la misma esencia del Dr. Si los Pond contribuían de manera decisiva en la vida del Dr. al ser los progenitores de River, Clara se va a convertir en la pieza angular que ancla a todos los doctores habidos y por haber con la realidad. Es pues esta compañera la más proactiva de todos los personajes anteriores que han participado en la serie. Es la pieza clave de esta temporada, la que desencadena el episodio de los 50 años y la que provocará, de alguna manera aún no revelada, la nueva encarnación del Dr.

A pesar de las fluctuaciones de los guiones en esta temporada, he de reconocer que el final, el capítulo 14, resuelve de manera muy efectiva la trama referida a Clara y el Dr. El capitulo, titulado In The Name of The Doctor, resuelve bastantes incógnitas que se venían planteando dejando una puerta semiabierta con la aparición final de un envejecido Dr. encarnado por John Hurt.

En realidad los compañeros son los protagonistas de todos los capítulos de esta temporada. Los capítulos de transición llevan al quinto episodio donde los Pond se enfrentan a otros elementos recurrentes de la serie como son los Ángeles oscuros en una de las múltiples paradojas temporales que nos depara siempre la serie. Su sustituta como personaje proactivo, Clara, tiene que sustituir a la pareja en la dura labor de acompañar a Smith, sobre todo si se tiene en cuanta que hay pesos pesados anteriores en el papel como Rose  o la misma Amy. Creo que no le ha dado tiempo al personaje a evolucionar para conseguir la categoría o la potencia de los anteriores. Son sólo 6 capítulos, o 7, para el personaje y no parece suficiente, pese a la importancia del mismo en el último de la temporada.

Los capítulos de esta primera parte de la temporada van desde un buen episodio como del manicomio dalek, con la aparición de esos daleks humanos tan parecidos a los cylons en su concepción, a otros totalmente prescindibles como el de los dinosaurios o ese final de media sesión que comenté antes que hace “desaparecer” a los Pond.

Como decía, a partir del capítulo de navidad de esta temporada, los actores secundarios cambian, los personajes se posicionan de manera diferente en lo que parece un guión bien preconcebido desde el episodio del asilo mental dalek. El primer episodio de esta semi temporada nos habla de los peligros de la wifi, y de Internet por extensión siendo la presentación de Clara como acompañante recurrente.  Los Anillos de Akhaten es extraño y muchos de los fan lo han calificado como el peor de los capítulos de esta nueva fase del Dr. Por otra parte, La Guerra Fría retoma algunos enemigos antiguos, los guerreros del hielo, e incide en las múltiples meteduras de pata del Dr. en su amplio recorrido por el tiempo. Hide vuelve a retomar el tema del terror, que les gusta mucho a los guionistas, no llegando a producirlo. Sin embargo el siguiente capítulo, Viaje al centro de la Tardis, es un magnífico ejemplo de buena ciencia ficción televisiva.  Clara vuelve a ser la protagonista fundamental y cubre muy bien su papel. El siguiente episodio, El horror carmesí, es claramente de transición sin ninguna implicación en la trama general. Pesadilla en plata es el regreso de Neil Gaiman como guionista, que ya ejerciera en el excelente La mujer del Doctor, siendo un capítulo menos brillante que el anterior del autor, peo uno de los más interesantes de la temporada. Los cybermen  vuelven a ser los protagonistas con algunas modificaciones puntuales en los mismos adoptando una forma más clásica. Veremos como resulta en el futuro. Del último de los episodios ya he dado algunas claves anteriormente y es uno de los más relevantes de la etapa Smith, sobre todo si tenemos en cuenta lo que puede suponer para el futuro.

No sabemos todavía lo que nos deparará el episodio del cincuentenario. Si será un homenaje, un cambio profundo, un volver atrás o cualquier otra cosa desde lo infame a lo sublime. Si sabemos que estarán John Hurt, David Tennant o Billie Piper, así como Smith y Alex Kingston. Es posible que el nuevo doctor, el duodécimo, Peter Capaldi hará su presentación en este episodio, o, tal vez, se reserve para el primer episodio de la octava temporada. En cualquier caso esperaremos hasta noviembre para ver que es lo que nos deparan las nuevas aventuras de Who.

 

Tengo la sensación de que hay Doctor para unas cuantas temporadas más, si los guionistas y las audiencias así lo deciden, sobre todo las audiencias.

Alfonso Merelo 2013

16/06/2014 11:15 Alfonso Merelo Solá #. Televisión No hay comentarios. Comentar.


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